Leviatán (primer capítulo).pdf


Vista previa del archivo PDF leviat-n-primer-cap-tulo.pdf


Página 1...10 11 1213 14

Vista previa de texto


urnas, adonde se os llama hoy, para revestir de falsa legitimidad a este monstruoso gobierno. Y tras
mostrar los resultados del recuento del contenido de las urnas, donde no solo depositáis vuestra
voluntad, sino también vuestra dignidad y derechos, así como los de los demás, os dirán que todos
los atropellos que sufrís y sufriréis son de justicia, pues habéis otorgado un cheque en blanco a
vuestros ministros.
»He aquí una verdad: los talones que entregáis son cheques sin fondos, sin un respaldo moral.
Porque, ¿qué base, qué verdad subyacente hay en vuestra pseudofilosofía, la que identifica lo justo
y legítimo con la voluntad de la mayoría? ¿Cómo podríamos decir que el bien objetivo, el de la
humanidad, no el del individuo aislado ni el de los colectivos organizados, es este? ¿Que, a razón de
su número, dos individuos pueden sentenciar legítimamente a otro a la privación de su vida, su
libertad y su propiedad? ¿Es eso lo que llamáis moral? ¿Es eso lo que llamáis triunfo de la utilidad?
¿Utilidad para quién? ¿Y hasta cuándo? El que a hierro mata, a hierro muere. Y todos los privilegios
que aceptéis hoy a costa de la violencia, opresión y latrocinio contra los demás, se volverán un día
en vuestra contra, cuando un grupo más fuerte o numeroso reclame algo que tenéis y que
ambicionan.
»La democracia, no importa la forma en la que se manifieste, y verdaderamente abrumadora
es la manera en la que se ha articulado en este tiempo y lugar, como un estado colosal y totalitario
cuyos tentáculos lo abarcan todo, es la forma pretendidamente civilizada en la que se manifiesta una
ley de animales, no de hombres: la ley de la selva. No se trata ya de la supervivencia del individuo
más fuerte a expensas del débil, sino del colectivo más numeroso, como una marabunta de hormigas
que somete, destruye y devora a enemigos de mayor tamaño. Pero la talla superior de vuestros
enemigos es intelectual. Por eso habéis destruido a los empresarios, a los trabajadores que rebasan
los límites de la mediocridad y a los librepensadores. Y con ello habéis arrojado arena a los
engranajes de la producción y de la evolución humana.
»¡Mírate, decadente Europa! ¡Te crees en la cúspide la evolución, pero has quedado
paralizada en el tiempo! Mientras los europeos han dejado de engendrar a sus hijos para
producirlos, para convertir al hombre en medio y no en fin en sí mismo, mientras se atreven a
sostener que el suyo es el siguiente y último paso en la evolución del hombre, marcando a sus
creaciones como reses o esclavos, con el violáceo en sus ojos y el blanco en sus cabellos,
despreciando al resto de seres humanos, su desarrollo científico y tecnológico se ha estancado.
»Los vehículos de los civiles europeos circulan por la tierra, pero los de la Nación Libre se
deslizan por el aire. Las europeos transforman a sus vástagos en esclavos mediante ingeniería
genética, mientras que los hombres libres crean sofisticadas máquinas de inteligencia y habilidad
sin límites para realizar sus trabajos. Las ciudades europeas se extienden sobre la tierra, mientras las
norteamericanas se elevan por encima de la altura de la montaña más colosal, flotan y se deslizan
sobre el agua, se sustentan y desplazan en el aire, se extienden bajo la superficie terrestre o se
cimentan en el lecho submarino —continúa el antisistema.
Entre la muchedumbre, mientras el discurso prosigue, empiezan a abrirse paso unos
individuos recién llegados mientras los demás se apartan respetuosamente para hacerles sitio, con
inquietud reflejada en sus rostros y nerviosos movimientos. Su vestimenta y actitud, calmada y
vigilante, los delata como los policías de la Agencia de Reeducación, que descienden también en
pequeños aviones de aterrizaje vertical y helicópteros a los que la multitud cede espacio para que
tomen el estadio y el centro de Berlín completa y rápidamente. Llevan inmaculados trajes y zapatos
de color azul eléctrico y camisas de rayas verticales azules y doradas. Examinan atentamente a
todos los congregados, dirigiendo la vista a sus alrededores, intentando localizar el más levemente
sospechoso movimiento. El discurso del alborotador continúa emitiéndose entretanto.
—Es hora de que abráis los ojos hacia las verdades más elementales. Si la censura y el
aislamiento forzado os ocultan parte de la realidad, dirigid la vista a todo aquello que escape de su
control y manipulación. El conocimiento empieza con los sentidos, son vuestra primera
aproximación a la verdad.
»Los sentidos captan las imágenes y la razón las modela y conecta. Un hombre privado de
vista, oído, tacto, olfato y gusto es un hombre privado de la capacidad de conocer, y nada hay en el