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El alcohol produce euforia en los consumidores, les hace olvidar sus problemas y motivos de
tristeza y les ayuda a relacionarse socialmente, y a cambio solo pide el sometimiento de la
conciencia, la suspensión del raciocinio y el abandono y entrega a la parte animal del alma humana.
¿Son perjudiciales estas cesiones? ¿No es el hombre un animal y lo más natural —y por tanto, lo
bueno— que se rinda a sus instintos y compulsiones? Y en tiempos de progreso intelectual y social
donde los animales reciben el mismo trato que los seres humanos, ¿no deben tratarse acaso los seres
humanos a sí mismos y entre sí como animales? Así las cosas, el consumo de alcohol es frecuente,
normalizado y socialmente aceptado, e incluso bien visto. Estas pastillas las proporciona con
prodigalidad, como todo bien, el Estado, y los individuos abstemios, en buena medida por su
influencia, nos hemos convertido en objeto de crítica y escarnio, y siempre estamos bajo el punto de
mira de los reeducadores.
Y, por fin, la líder toma la palabra:
—¡Saludos, hermanos, fiel, amada y grandiosa familia europea! —saluda con una voz tan
dulce como sensual, cautivadora. Tan cautivadora como firme. Tan firme como apasionada. Acaricia
el oído, pero atrae y somete la voluntad. Mientras habla, realiza el saludo fraternal y oficial de la
Unión.
—¡Alfa Sigma! ¡Alfa Sigma! ¡Alfa Sigma! —clama la multitud con una sola voz atronadora,
gesticulando como ella.
Ya no hay nombres, solo códigos: un conjunto de letras de número variable del alfabeto
griego para designar a cada ciudadano. Es mejor que usar códigos numéricos, pues solo hay diez
dígitos posibles para cada carácter numérico y los códigos resultarían más extensos.
Un código de un solo carácter utilizando el alfabeto griego puede tener 24 formas, tantas
como letras. Un código de dos caracteres, en cambio, tiene tantas formas como resultado da la
elevación al cuadrado de 24, que arroja 576 resultados. Los códigos de uno y dos caracteres, por
tanto, podrían identificar a 600 individuos diferentes. Y como el resultado se incrementa
exponencialmente según aumenta el número de caracteres, los códigos no son excesivamente largos
para el inmenso número de habitantes de la Europa unificada.
Los códigos que preceden alfabéticamente a Alfa Sigma (ΑΣ) no son utilizados, pues la
Preceptora es la primera ciudadana del Estado y su código nominal, de hecho, no significa
simbólicamente otra cosa que «principio de la suma», esto es, del pueblo y del Estado.
—¡Gracias! Mi corazón está siempre con vosotros. Como preceptora vuestra, como jefa del
Estado, no soy más que una hermana mayor velando por el bienestar de mis bienamados
ciudadanos. ¿No es gloriosa la evolución de nuestra sociedad? ¿No es la más pacífica, altruista y
unida que ha dado la historia? Es porque ahora la familia está en el Estado, como todo lo demás.
¡Todo en el Estado, nada fuera del Estado! —empieza su discurso la gran líder del pansocialismo,
con palabras sentidas y abundante gesticulación.
—¿Qué bárbaro reaccionario podría oponerse a esta fraterna organización de la sociedad,
donde todo ciudadano trabaja codo con codo con su vecino por motivos que han dejado atrás el
egoísmo individualista del capitalismo? ¡Quien habla contra ella es un criminal despojado de
valores! ¿Qué son los deleznables insidiosos que hablan en contra de nuestra gran familia,
enalteciendo modelos obsoletos de convivencia como la pareja, la familia o la unión en una amistad
limitada, interesada y egoísta? ¡Traidores, infiltrados! ¡Nuestra sociedad no engendra individuos tan
degenerados! ¡Sin duda, detrás de esas máscaras no hay más que agentes del neoliberalismo fascista
que gobierna el mundo! —acusa, soliviantando a la multitud.
No importa si los términos empleados son vacíos o contradictorios: el enemigo es el que se
señala, y se denomina tal y como se señala. Y la multitud responde con insultos, gritos furiosos y
gestos violentos: puños levantados, bruscos movimientos de sus brazos, dedos sobre el cuello
fingiendo degüellos y manos fingiendo ahorcamientos, ceños fruncidos, ojos inyectados en sangre.
—Fuera de la gran hermandad europea, ¡la amistad es traición! ¡El amor es retrógrado! ¡La
familia tradicional es contrarrevolucionaria! ¡Camaradas, no admitáis esas ideas en vuestra cabeza!
¡Estamos asediados por el enemigo, sus agentes se infiltran para socavar el pansocialismo y destruir
nuestra sociedad! Son como gusanos dentro de una manzana, como ponzoña de serpiente en un