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rato. Ahí tengo que ver la pileta, gente nadando, las puertas que dan a los
vestuarios por donde acabo de pasar. Tengo que sentir calor. Tengo que
transpirar. Estar, como mínimo, dos minutos sentado. Y una vez que pasen
esos minutos tengo que volver a los pasillos, salir por la puerta y doblar a la
izquierda (no a la derecha como sería previsible) y caminar hasta la segunda
salida, la que da a Rodríguez, encontrarla cerrada y entonces ahí sí, tengo que
volver sobre mis pasos y recorrer el camino de vuelta pero en sentido inverso a
como lo hice hace un rato y volver a salir por donde entré, y tengo que darme
cuenta de que todavía es temprano, de mañana, y tengo que ponerme los
lentes de sol cinco pasos antes de salir del club definitivamente, para no estar
en ningún momento afuera y con los ojos al descubierto.
Tengo que viajar. Me haría bien viajar. Tendría que viajar no a una
ciudad sino a un lugar tranquilo. Tengo que viajar a Buenos Aires. Dentro de
unos días tengo que viajar a Buenos Aires, pero cuando vuelva, a eso me
refiero, tengo que irme a otro lado, a algún lugar con playa o sierras, a una
cabaña (puedo conseguir una por un pariente que está afiliado a un sindicato) y
tengo que irme unos días pero con un ácido encima. Esa es la condición. Me
voy de viaje si consigo un ácido en estos días. Facundo va a conseguir un
ácido en estos días. Si consigue un ácido Facundo me va a llamar. Y le voy a
decir que puedo conseguir una casa con playa o sierras y que podemos ir unos
días a tomarlo ahí. Podemos decirle a alguien más. A Baltasar. A Ignacio. Y ser
un grupo tomando ácido en las sierras. Pero va a ser dentro de un tiempo,
cuando Facundo consiga el ácido y yo me ponga a llamar por teléfono para
conseguir la cabaña. De eso voy a hablar más adelante cuando haya pasado y
haya vuelto y tenga la cabal idea de lo que pasó realmente. Pero ahora no
tengo ningún ácido ni ninguna cabaña y me estoy por ir a Buenos Aires, y de
eso capaz también hable pero cuando haya pasado y haya vuelto y pueda
contar todo desde otra óptica, con la distancia adecuada y la capacidad de
contar las cosas sin tener que después arrepentirme. Estoy mirando en mi
libreta (en sentido figurado). Este último párrafo es diagramático, programático:
veo lo que voy a hacer en un futuro no muy lejano (viajo a Buenos Aires en tres
días y cuando vuelva puedo planear el otro viaje).
Suelo pensar en estructuras que se van repitiendo. Suelo pensar en
estructuras como puestas en abismo que se repiten. Suelo pensar con
estructuras básicas. A veces incluso pienso en sujeto-verbo-objeto. Suelo
pensar cosas. A veces creo ver algo más en lo que se repite, en las estructuras
que se repiten entre sí y en lo que hay adentro de cada una, que a su vez se
repite en formas básicas. A veces creo que todo es una excusa. Lo que digo es
una excusa para que aparezcan las estructuras. Si miro por la ventanilla veo
gente. Y veo, también, que hace frío. Y pienso que tengo un par de lentes
oscuros en mi bolso. Yo pienso algo. Pienso que tengo lentes negros en mi
bolso. Puedo pensar con cláusulas subordinadas pero cuando lo hago siento
que se me están perdiendo cosas, como en un pliegue. Si digo “yo pienso
cosas” todo es más claro. El colectivo dobla a la derecha cuando llega a
Sócrates. Estoy subiendo otra vez, como cuando subo en esas veces
ocasionales. El colectivo dobla a la izquierda cuando llega a Necochea. Puedo
decir lo que quiera porque adentro de mi cabeza nadie lo va a escuchar. El
colectivo ahora va a subir hasta una especie de villa. Pero antes pasa por el
neuropsiquiátrico de Necochea. El neuropsiquiátrico es rojo y blanco. Alguien
mira televisión adentro. Cuando pienso a veces también pienso con adverbios.
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