Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

Vista previa de texto
cancerólogos ortodoxos cada vez son más pronos a considerar los factores socio-culturales,
psíquicos e incluso sexuales en la etiología del cáncer. Pero las resistencias y las prevenciones
-frecuentemente acompañadas de burlas malévolas en relación a Reich- permanecen tanto
más fuertes cuanto los científicos, aunque sean los más «sabios», son poco inclinados a tener
en cuenta la realidad de la función sexual, tanto por su formación académica como por su
estructura personal.
Como en la terapia de las neurosis, Reich llegará también a considerar el cáncer en términos
de prevención, no sin antes haber considerado las posibilidades curativas. En este sentido, se
ocupará primeramente de investigar la supresión de los bloqueos emocionales y musculares de
la coraza, de restablecer la pulsión biológica del organismo y de elevar el nivel energético. Para
esto, Reich inventará el acumulador de energía orgánica, después de haber denominado
«orgón» a la energía vital universal presente en la atmósfera e impregnando los organismos
vivientes. Con este acumulador (que es un sistema simple en el cual, según el principio del
condensador eléctrico, se alternan capas metálicas y orgánicas) Reich ambicionaba dar al
organismo atacado de la biopatía la posibilidad de compensar su deficiencia energética. Lo que
si miramos los resultados de las experiencias parece ser que se producía realmente. Reich
negará siempre haber encontrado el medio de curar el cáncer -si bien sus resultados clínicos
son innegables- prefiriendo ocuparse del estudio del proceso de cancerización contra el cual,
en definitiva, al igual que en las neurosis, sólo una profilaxis puede ser prometedora:
El enorme aumento de las biopatías es por lo tanto la simple expresión de la discrepancia
entre el deseo de una vida sexual y la incapacidad de una vida sexual. El deseo por la vida ha
crecido enormemente pero el aumento de la capacidad de vivir (potencia sexual, la capacidad de
responsabilidad, autorregulación, etc.) no ha sido correspondiente. La conclusión no es que el
deseo (voluntad) de vivir deba reducirse sino que en el organismo humano debe establecerse una
capacidad estructural para vivir que se mantenga en equilibrio con las demandas de la vida. Esto
es esencialmente una tarea educativa y social y no médica.
De las nubes a las galaxias
Podemos hacer este paralelismo, ya evocado, con el problema de las neurosis en lo que
concierne a las últimas investigaciones de Reich, si bien, esta vez, sobre la energía orgónica.
De la misma manera que a nivel antropológico había estudiado la sociedad primitiva de los
trobriandeses, consagrará sus últimos años a la búsqueda de las fuentes mismas de la vida.
Del microscopio al telescopio, de las células a las galaxias, Reich no ha cesado de ocuparse del
movimiento de la materia y la energía de la vida. Hemos visto ya en 1935 que había
comenzado sus investigaciones en esta dirección con el trabajo de los biones. Dos años más
tarde, su campo de investigación se ha extendido al dominio cósmico. Mientras tanto, el
descubrimiento del orgón atmosférico le lleva a experimentos a nivel meteorológico, y en este
sentido fue un pionero de la lucha contra la polución y la recuperación del equilibrio ecológico
tan de actualidad en nuestros días; siguiendo el mismo principio que el del acumulador de
energía orgónica, construye el Cloudbuster (rompe-nubes). Compuesto entre otros por largos
tubos metálicos, este aparato, parecido en su forma a un cañón, está destinado a modificar el
potencial energético de las nubes, a cargarlas y a descargarlas, a romperlas: de allí su nombre
de rompenubes. Las publicaciones de Reich así como los periódicos relatando las
modificaciones atmosféricas debidas a las maniobras con el rompenubes, testifican que los
resultados fueron positivos, sobre todo fueron particularmente convincentes los llevados a
cabo en el desierto de Arizona que fueron filmados por la televisión.
De la atmósfera al cosmos, de lo biológico a lo biofísico no hay más que un paso, que Reich
franqueó enseguida sobre la base del fenómeno de la superimposición sexual. El acoplamiento
de dos organismos lo había finalmente considerado como el resultado de la atracción de dos
ondas energéticas y de su deseo de fusión. A nivel biofísico, Reich llega en la Superimposición
cósmica, a emitir la hipótesis según la cual la conversión de la energía en materia se producía
en el proceso de superimposición y fusión de dos corrientes de orgón. En el caso de la materia
viviente, estas dos corrientes se encontrarían contenidas en la membrana plasmática, creando
así un sistema energético autónomo y animado: un sistema viviente. Hay que destacar que,
por audaz que sea, esta hipótesis -enunciada aquí demasiado sucintamente- no entra de
ninguna manera en contradicción con la física clásica, ni incluso con la teoría de los quanta.
56
