Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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Pero se trata aquí de una hipótesis que, como todas y en particular las que se refieren a la
astrofísica, exige ser considerada como tal: y por lo tanto verificada, tal como lo pedía Reich.
Para ello es necesario tener voluntad de salir de los canales del cientifismo y del
mecanicismo, es decir de colocarse en la óptica de la Orgonomia -o «ciencia de la energía
vital»-, lo que viene a cuestionar los principios científicos en vigor y, en un cierto sentido a
apartarse de la ciencia. De aquí probablemente el que las hipótesis reichianas sean tan
frecuentemente objeto de un escepticismo al límite de la actitud, precisamente, científica.
No obstante, no se puede negar en Reich una tendencia a querer proyectar sus conclusiones
en el enunciado mismo de los problemas abordados. Era, por otra parte, bastante consciente
de esto, como lo demuestran los largos desarrollos que ha consagrado al tema «objetividadsubjetividad» en los problemas de experimentación y de observación de los fenómenos. Pero
no ignoraba tampoco, citando numerosas veces a Bergson, que la inducción podía ser también
un método científico que, por ejemplo, condujo a la teoría de los quanta y al descubrimiento
del neutrino.

El asesinato de Cristo
De cualquier manera, podemos decir que Reich se mantiene «clásico» en el sentido del
avance científico cuando se ocupa en demostrar la existencia de la energía orgónica, que llega
a visualizar e incluso a medir. Convirtiéndose de alguna manera en heterodoxo, o herético,
cuando generaliza la aplicación del «principio funcional común» al concepto del dominio de la
astrofísica. Se nota entonces claramente en él un deseo de «rizar el rizo» en una concepción
del mundo aplicable al campo del conocimiento. El margen se hace estrecho entre la
cosmología y la cosmogonía, entre la física y la metafísica. Por otra parte, esta separación ¿es
finalmente posible e incluso deseable? Reich la pretenderá hasta el final, aunque podemos
interrogarnos sobre el sentido de la identificación que hace en Eter, Dios y el Diablo entre las
ideas de Naturaleza, de Dios y del Orgón. Dicho de otra manera, ¿el vitalismo puede ser un
misticismo? A este respecto, y como ya hemos dicho más arriba, es sin ningún género de
dudas preferible hablar de religiosidad -en el sentido laico, agnóstico, del término, y es en este
sentido que conviene por otra parte abordar, en tanto que obra filosófica, El Asesinato de
Cristo.
Inspirándose en La Vida de Jesús de Renan, Reich considera el personaje de Cristo
-personaje mítico o histórico, ¡qué importa!- en tanto que modelo del individuo no acorazado y
representante auténtico de esta religión de amor de la cual fue por tanto el símbolo. Con el
asesinato de Cristo, dice Reich, es la vida viviente misma la que fue asesinada por la corte de
«pestíferos emocionales», que querían ahogar en ellos y a su alrededor toda manifestación de
lo viviente. Este asesinato es permanente: ataca cada día a hombres, mujeres, viejos y sobre
todo en particular a adolescentes y niños; es el asesinato de todos los seres humanos no
acorazados, portadores del principio de la vida. La conclusión que saca es que, para la salud
psíquica, física o incluso, podríamos decir, política, la posible salida del caos universal se sitúa
a nivel preventivo. Toda revolución auténtica, radical, no puede si no volver a las raíces auténticas de la biopatía generalizada. Es por ello que Reich dedica El asesinato de Cristo a los Niños
del Futuro en los que reside en adelante para él la última esperanza de restablecer la
preeminencia de lo viviente sobre lo mórbido.
Pero, ¿cómo hacer si ya los niños son concebidos en vientres rígidos y fríos?, pues las
madres están, también ellas, atacadas por la cultura anti-vida. ¿Cómo hacer si, más allá de las
«buenas intenciones» y de las apariencias, los recién nacidos son «acogidos» en un mundo
esencialmente (profundamente) hostil y mortífero por manos tan glaciales como las de los
médicos? ¿Si la educación está dirigida a hacer «hombrecitos» y «mujercitas» deseosos de
perpetuar en los niños el asesinato de la vida viviente de lo cual también ellos han sido
víctimas? ¿Cómo romper este encadenamiento fatal?

El «nuevo líder»

Es aquí que Reich se encuentra frente a la cuestión política del poder y a su anclaje biosexual. Cuando describe a Cristo como «ser de amor», dotado de la capacidad de abandono
amoroso -de la «potencia orgástica»-, describe el prototipo del «nuevo líder». El que no puede

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