Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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Un trastorno de la pulsión biológica
Es al término de su «revolución orbital» que Reich llega a crear un neologismo por el cual
designará lo que para él es una verdadera enfermedad de la vida: una biopatía. En su libro La
biopatía del cáncer, desarrolla un estudio profundo de un tipo particular de biopatía, la biopatía
cancerosa que, no obstante, no difiere en sus fundamentos de los otros tipos de
«enfermedades de la vida» tales como la angina de pecho, el asma, la hipertensión cardio-vascular, la epilepsia, la esquizofrenia, el alcoholismo crónico, etc. Pues, precisa Reich, «lo que
nos interesa sobre todo, es lo que todas las enfermedades tienen en común: una perturbación
de la función biológica de pulsación de todo el organismo».
Reich no pretende de ninguna manera reducir toda enfermedad a una biopatía; excluía en
efecto las enfermedades contagiosas o de origen traumático, aunque éstas tienen ventaja si se
instalan sobre un «terreno biopático». Lo que, según él, caracteriza realmente a una biopatía,
es el hecho de que el origen del proceso mórbido esté ligado a una perturbación de la
pulsación biológica:
El mecanismo central de la biopatía consiste en tina perturbación de la descarga de la
excitación bio-sexual (...) La estasis sexual representa un trastorno fundamental de la pulsión
biológica. La excitación sexual, como sabemos, es una función esencial del sistema plasmático
viviente. Una perturbación crónica de la función sexual debe pues necesariamente ser sinónimo
de biopatía.
Esta perturbación, según Reich, afecta al sistema nervioso simpático, es decir a la parte
autónoma del sistema neuro-vegetativo del cual dependen las reacciones de defensa, de
autocontrol y de angustia; lo que se manifiesta desde la infancia bajo la presión de la
educación autoritaria antisexual y contribuye a mantener en el organismo convertido en adulto
una sobre-excitación permanente de dicho sistema simpático. Tal es, esquemáticamente, la
traducción biopsíquica del proceso de represión de las pulsiones vitales acompañándose de lo
que Reich llama, «la angustia del placer». Este fenómeno es generador de estasis, especie de
nudos energéticos constitutivos de la coraza. Cuando no existe la libre circulación de energía
biológica, se derivan una serie de enfermedades que la medicina mecanicista se esfuerza por
erradicar sin llegar a sus causas.
No podemos extendernos aquí sobre las interrelaciones que ligan los sistemas simpático y
parasimpático y sobre la especificidad de las enfermedades que de ellos se derivan; lo mismo
por lo que concierne a las características funcionales y orgánicas de estas enfermedades. Estas
cuestiones han sido abordadas por Reich y la escuela orgonómica (la de sus sucesores) así
como por la escuela psicosomática. Remitimos pues a los lectores interesados a los trabajos de
Reich de la misma manera que remitimos directamente a ellos a los que se precian en
denigrarle sin tomar la actitud elemental de informarse en las fuentes originales, ni sobre todo
de verificar sus experiencias.
El cáncer: un problema socio-educativo
Entonces pues, para Reich, la biopatía cancerosa no se distingue fundamentalmente de las
otras biopatías de las cuales es, de alguna manera, un caso extremo. Como todas las sitúa en
su contexto socio-cultural de predilección: el de las sociedades autoritarias y anti-sexuales,
generadoras de una hipertensión crónica del sistema simpático. A su vez esta hipertensión
determina estasis con contracciones musculares y vasculares, al mismo tiempo que el
organismo desarrolla una posición inspiratoria permanente, característica de la angustia (el
tórax en posición elevada). Esto tiene como efecto el limitar la respiración y por lo tanto la
oxigenación de las células sanguíneas y de los tejidos. Este fenómeno está particularmente
acentuado en los grupos musculares y en los órganos afectados por las contracciones musculares, siendo pues, el lugar de fijación de la represión de las pulsiones de placer, de las pulsiones
sexuales. Esto, hace notar Reich, es evidente en la mujer en la que la educación anti-sexual es
de las más severas y en la que el cáncer ataca frecuentemente las zonas genitales y erógenas
tales como el útero, la vagina, los ovarios o los pechos. En el hombre la educación «viril»
parece inducir preferentemente al cáncer de recto y de la laringe zonas afectadas por la
represión del miedo y de las lágrimas, signos de emociones «indignas de un hombre».
Las estadísticas recientes confirman la veracidad de estas observaciones; incluso los
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