Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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no se proponía era observar con tal magnitud -difícil de conseguir todavía hoy día con un
microscopio óptico- las figuras y los detalles de las estructuras, sino el constatar los
movimientos, sobre todo las vibraciones, pulsaciones y las iluminaciones, en particular el
fenómeno de luminiscencia periférica de los hematíes.
Empezó a preparar en el laboratorio una serie de materiales orgánicos, tierra, leche, zumos,
clara de huevo, etc., esterilizándolos al autoclave. Una vez colocados en el microscopio sin los
filtros usuales (algo totalmente absurdo para la biología mecanicista), empezó a observar unas
vesículas con una luminosidad azul o verde azulada. A partir de estas vesículas, a veces en
pocos minutos, se desarrollaban protozoos y otros microorganismos. A estas vesículas les
llamó «biones». Reich, de esta forma casi naive, deshizo el mito, todavía actual, de la
«propagación atmosférica», según la cual, las amebas «provenían del aire», la cosa más
sencilla del mundo: bastaba preparar una infusión de hierbas para obtenerlas.
Los «biones» mostraban una actividad inesperada, por lo que decidió fotografiar sus
diferentes movimientos: a) de atracción y repulsión rítmica, acercándose y alejándose unos de
otros; b) de rotación; c) de confluencia; algunas vesículas, bajo ciertas condiciones, producían
fórmulas móviles homogéneas; d) movimientos de contracción y expansión (pulsación) que
eran visibles hacia los 3000 X. A las formas móviles, Reich las llamó «plasmodios» ya que le
recordaban los movimientos plasmáticos de los protozoos.
Reich había llegado a la fórmula del orgasmo que existe en toda función vegetativa. Se vio
envuelto a investigar, con el microscopio, las corrientes vegetativas que existen en los
protozoos y que, años atrás, había encontrado en su trabajo con el análisis caracterial y las
experiencias bioeléctricas sobre la sexualidad. Había dado ya una presentación histórica del
desarrollo de estos problemas en un ensayo sobre «El materialismo dialéctico en la
investigación sobre la vida». No quedaba ninguna duda del camino que había escogido:
probablemente el materialismo dialéctico era también una biología.
El 8 de enero de 1937, Reich envía al profesor Roger du Teil, del Centro Universitario de
Niza, y a la Academia de Ciencias de París, un detallado informe de los hallazgos junto a unos
cultivos de «biones». El profesor Lapique, profesor honorario de la Sorbona, aunque admitiera
que hay sin duda algo, dado el largo período de tiempo pasado entre la preparación de las
muestras y mis observaciones, hace todo lo posible para «enterrar» las interpretaciones
reichianas. Las explicaciones posibles sobre la presencia de formas móviles en las
preparaciones estériles podrían ser: o bien, que no fueran suficientemente estériles y que se
debieran a una contaminación por «esporas» o «gérmenes» del aire; que los movimientos no
fueran biológicos sino físico-químicos, o quizá, lo que Reich había hecho era reproducir las
«condiciones de organización naturales» desde materiales inorgánicos.
El libro Die Bione: zur Entstehung des vegetatives Lebens, editado en Oslo por la
Sexpolverlag en 1938 y del que actualmente existen muy pocas copias, a no ser que el lector
consulte el volumen X y XI de The Journal of Orgonomy editado en Nueva York por Elsworth F.
Baker2, fue escrita conjuntamente por varios autores, entre ellos Roger du Teil, que se ocupó
de algunos extractos del capítulo IV, así como otros titulados: «Vida y materia» y «Tres series
de ensayos sobre la base del principio de tensión-carga», además de Arthur Hahn y el propio
Reich. El libro consta de dos partes, la primera sobre experimentación y la segunda sobre la
interpretación materialista-dialéctica de los hallazgos.
La segunda etapa de la investigación sobre los «biones» se llevó a cabo con ratones. Reich
encontró que en algunos cultivos aparecían formas rojas, de forma lanceolada y mucho más
pequeñas que las vesículas. A las de mayor tamaño las llamó «biones PA» y a las más
pequeñas «T-bacilli» (T, del alemán Tod, que significa muerte) por la razón siguiente. Encontró
que los biones PA, que eran contrariamente a las vesículas gram negativos, inmovilizaban a los
T-bacilli. Por otra parte, al inyectar T-bacilli a un total de 178 ratones, distribuidos en grupos
de 6, encontró que 30 de ellos murieron dentro de los ocho primeros días, otros 30 en el
transcurso de la semana siguiente y el resto enfermaron. Del grupo que además había recibido
«biones PA», solamente nueve murieron en un periodo de quince meses, algunos de los cuales
desarrollaron formaciones cancerosas. Reich publica estos resultados en un trabajo titulado La
experimentación de los biones en el problema del cáncer, editado también por la Sexpolverlag;
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El Centre d'Estudis Wilhelm Reich dispone de una copia traducida al español.
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