Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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que fue a visitar Reich a Londres, como disparatado e imposible. Master y Johnson, treinta
años después intentarán medir los cambios de acidez y alcalinidad de las secreciones sexuales,
una medida cuantitativamente mucho más pobre que las investigaciones de las propiedades
eléctricas de Reich.
Otra vez en Oslo, Reich, empezó con la idea de que tenía que construir un electrodermatógrafo para medir la actividad bioeléctrica de la piel; en realidad, sólo diez años antes de que
Berger diseñara el primer electro-encefalograma. A principios de 1936, comenzó los
experimentos en el recién creado Instituto de Sexualökonomiche Lebenstakecould. El equipo
de investigación consistía en tres potentes microscopios, aparatos para microfotografía, un
equipo completo de esterilización, un equipo electrónico, amplificadores, oscilógrafo, etc.; todo
ello le costó más de tres mil coronas noruegas, dinero que había conseguido con los cursos de
caractero-análisis que dictaba en la universidad.
En trabajo editado por la Sexpolverlag en 1937 habla de «La investigación experimental de
la función eléctrica de la sexualidad y la ansiedad» (Experimentelle Ergebnisseüber die
elektrische Funktion von Sexualität und Angst) en el que llega a las siguientes conclusiones:
1) En la piel normal, sin heridas, se encuentra un potencial bioeléctrico de 40 milivoltios
y aparece en el electrograma como un trazado horizontal.
2) En las zonas erógenas (lengua, parte interna de los labios, lóbulo de la oreja,
pezones y genitales) existe un mayor potencial, llegando hasta los 200 milivoltios,
aunque también puede descender por debajo del de la piel normal. No toma la forma de
una línea horizontal sino ondulatoria. Por otra parte, existen variaciones de acuerdo con
los individuos y los estados emocionales.
3) Las caricias placenteras en la piel producían un aumento de la carga, pero no
dependían de la naturaleza del estímulo, solamente cuando aparecía un cambio en la
sensación o provocaba una emoción.
4) Existía un fenómeno llamado de la «erección fría» que ocurría cuando las zonas
erógenas se congestionaban, pero sin ningún cambio bioeléctrico.
5) La ansiedad y el miedo producían ondas puntiagudas en el trazado del electrograma.
Existía por otro lado una relación evidente entre la experiencia subjetiva y el hallazgo
objetivo.
6) Aparecían unas reacciones de «desagrado» y de «habituación» si el estímulo se
repetía sucesivamente.
7) El potencial bioeléctrico cambiaba con los movimientos respiratorios, principalmente
la expiración.
Reich finalizó los experimentos, confirmando la antítesis sexo-económica de la ansiedad y el
placer.
Los biones, ¿eso existe?
Durante estos años (1937-1939), Reich inició una serie de experimentos biológicos
considerados por algunos de sus colegas noruegos como «fantásticos» e «increíbles». El
material del que disponía en su Instituto en aquel tiempo, era muy superior al que existía en
cualquier centro europeo dedicado a la biología. El precio de todo el equipo, parte del cual se
llevaría a Norteamérica, alcanzaba unas sesenta mil coronas, dinero obtenido a través de una
serie de créditos, así como de la ayuda de algunos entusiastas colaboradores, incluido el Dr.
Liebeck que donó un microscopio.
Reich disponía de otros dos microscopios, un Leitz y un Reichert, puestos al mercado en
Viena hacia 1935. Este último llevaba un objetivo de 150 X y un ocular de 25 X, y disponía
además de una lente de compensación G = 1,5 lo que daba un campo de 5625 X. Lo que Reich
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