Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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una erección débil en el hombre y en la mujer en una anestesia o vaginismo. Reich, consciente
del significado del eslogan «terapia corporal, política corporal» llamó a esto anorgonia. Para
estas personas, los clásicos caracteres «anal-opresor» y «fálico-clitoriano-agresivo», la zona
genital es fuente de ansiedad y rabia. Para ellos, la experiencia de placer sólo existe en sus
mentes calientes.
La vegetoterapia: el lenguaje de lo vivo
«Cuando en 1935 se descubrió el reflejo del orgasmo, el acento del trabajo caracteroanalítico se desplazó hacia el dominio de lo somático. El término «vegetoterapia» representó el
hecho de que ahora mi técnica terapéutica influía sobre la neurosis caracterológica en el
dominio fisiológico» escribió Reich haciendo un poco de historia, al referirse al tema central de
toda la psiquiatría: las emociones. «Y en los dos casos -añadió- provocamos movimientos y
excitaciones plasmáticas».
Fueron muchos los investigadores, médicos y psicoanalistas que asimilaron las ideas
originales reichianas, sobre todo la que hacía referencia a la capacidad de auto-regulación
vegetativa: el reflejo del orgasmo, es decir, el conjunto de movimientos involuntarios, la
capacidad de dejarse ir, los movimientos placenteros que recorren la totalidad del organismo.
Este reflejo era la expresión de lo vivo; lo vivo que funciona antes y más allá del lenguaje
verbal, que tiene sus formas propias de expresión, que no depende de las palabras, lo vivo que
se «expresa» en movimientos. Era también la «expresión» de la pulsión biológica de los
animales unicelulares, los movimientos libres del feto dentro del útero, o el ritmo placentero
del mamar del recién nacido. Bulow Hansen, reconocido fisioterapeuta del departamento de
psiaquiatría de la universidad de Oslo, desarrolló unas técnicas de masaje que producían
fuertes efectos abreactivos, a las que denominó técnicas de relajación dinámica, y que eran
muy paralelas a las que utilizaba Reich. Björn Christiansen, aceptó el concepto de armadura
muscular, aunque se opusiera abiertamente a la teoría de las corrientes bioeléctricas; lo
mismo que Trygve Braatöy, que asimiló algunos de los principios reichianos, integrándolos con
otros enfoques corporales como los de Schulz o Jacobsen.
El más brillante de los discípulos noruegos fue la doctora Nic Waal, la que fuera mujer del
novelista Sigurd Hoel. Había estudiado con Reich en Berlín y era una de las más célebres
psiquiatras de Escandinavia. De Norteamérica llegó el doctor Theodore Wolfe, psiquiatra de la
universidad de Columbia con el propósito exclusivo de trabajar con Reich.
Los pacientes acudían a Reich llenos de problemas, pero éstos no eran algo psíquico,
inconsciente, sino que eran directamente visibles tanto en los movimientos expresivos, como a
través de las emociones.
Si dejamos hablar al paciente libremente, descubrimos que la conversación se aleja de los
problemas, los oscurece en una u otra forma. A fin de llegar a una verdadera evaluación,
debemos pedir al paciente que no hable por un rato. Esta medida es altamente fructífera, pues en
cuanto aquél deja de hablar, se pone claramente de manifiesto la expresión corporal de la
emoción. Y esto es así porque muchas veces el lenguaje verbal funciona como una defensa.
Ola Raknes ha resumido recientemente, en un libro lleno de sugerencias, el trabajo reichiano
en Noruega. Colaborador suyo, había escrito un artículo sobre «El concepto orgonómico de
salud» para un simposium del Instituto de investigaciones sociales de Oslo y permaneció fiel a
su amigo, incluso durante la «caza de brujas», que fue la que terminó con la vida de Reich.
Este libro, Wilhelm Reich y la Orgonomía llena el vacío de cientos de papeles y miles de
páginas de manuscrito que todavía se encuentran sin publicar.
La actividad bioeléctrica de la piel
La idea de Reich era investigar cómo la piel respondía a los estados de placer y ansiedad y
encontrar qué propiedades bioeléctricas diferenciaban a las zonas erógenas (pene, ano,
pezones, clítoris, etc.), de las restantes del cuerpo humano; un experimento que no había sido
intentado anteriormente, o bien considerado por Wright, director del Instituto fisiológico, al
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