Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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intereses puramente económicos.

¿Luchas tú, o no, por una mayor libertad?
Y Reich prosigue: «La coerción autoritaria penetra en todas las capas de la sociedad, y en
todos los países; se puede decir lo mismo de los pensamientos y actos que se dirigen hacia la
libertad. Si bien se pueden trazar divisiones de clases en materia del status social y
económico, la estructura caracterial no conoce tales divisiones. No se trata, en suma, de
«lucha de clases» entre el proletariado y la burguesía, como pretende hacer creer una
sociología abstracta y mecanicista. No: las personas dotadas de una estructura caracterial
capaz de libertad luchan con los que tienen una estructura caracterial autoritaria (...) Es así
que no es raro que miembros de las clases superiores dotadas de una estructura caracterial
libertaria luchen, arriesgando su vida, por los derechos de todos los trabajadores contra los
dictadores que, entre paréntesis, salen frecuentemente del proletariado».
Este texto vemos que marca una evolución importante ya que Reich pone en marcha un
nuevo giro por el cual son en lo sucesivo los factores caracteriales los que serán considerados
en primer lugar en su concepción del devenir histórico de la humanidad:
La cuestión esencial, explica todavía, no es ya: ¿eres tú rico o pobre, burgués o proletario, de
profesión liberal u obrera?, sino ¿luchas tú, o no, por la defensa y el desarrollo de una más
grande libertad humana? Si las preguntas sociales fundamentales son formuladas de esta
manera, aparece como evidente que las funciones vitales de todo individuo, incluso el más pobre,
constituyen el núcleo de todo esfuerzo social consciente. Y a este respecto, la importancia que,
desde hace quince años, me he visto obligado a atribuir a la represión social de la sexualidad,
toma dimensiones gigantescas.

No se trata pues, de ninguna manera, de un abandono de las preocupaciones socio-políticas
de Reich, como algunos han tan frecuentemente pretendido, sino, al contrario, de la
acentuación radical de la determinación de tratar más profundamente todavía los procesos
históricos. Y precisa:
La economía sexual individual y social ha demostrado, en efecto, que la represión de la vida
sexual infantil y adolescente es el mecanismo fundamental por el cual se producen y reproducen
las estructuras caracteriales que soportan la esclavitud política, ideológica y económica de las
masas.
No es suficiente el presentar el carnet blanco, rojo, amarillo o negro de un partido político para
demostrar que se tienen «buenas intenciones». Se trata de reconocer, de promover y de
defender plenamente las manifestaciones libres y sanas de la vida en los recién nacidos,
adolescentes, las mujeres y los hombres -lejos de toda superchería social- o, al contrario, de
suprimirlos, de pervertirlos, aunque sea con las más nobles intenciones: es decir, en interés de
tal o cual Estado, sea éste «proletario» o «capitalista», de tal o cual religión, igual si es judía o
cristiana o islámica, y deberá ser reconocido como tal si se quiere poner fin al engaño organizado
de las masas trabajadoras, si se quiere demostrar que se toman en serio los ideales democráticos
que se proclaman.

La política
¿Podemos dejar de ver en estas líneas toda la ardiente actualidad del autor de La revolución
sexual? ¿Cómo no adherirse -no por una cierta «fe» superflua, sino simplemente mirando
directamente a nosotros mismos y a nuestra sociedad- a la fuerza de las constataciones que
Reich hacía hace ya veinticinco años, a saber, que el núcleo viviente del hombre ha quedado
desprovisto de representación social en detrimento de los diversos grupos políticos e
¡deológicos que son la expresión de la capa secundaria y perversa de la estructura caracterial
humana? Lo que hay de natural en el hombre -es decir, esencialmente lo que no se dirige a su
autodestrucción (¡energía nuclear incluida!)-, lo que le permite integrarse armoniosamente en
el cosmos, no ha encontrado su expresión propia más que en el arte, en particular la música y
la pintura. De aquí lo que constataba Reich, lamentando que estas tan raras manifestaciones
de lo viviente no hayan tenido, hasta ahora, más que una influencia ligera sobre la humanidad,
que en su casi totalidad está bajo la influencia de la «peste emocional», que él define como «la
suma de todas las funciones vitales irracionales del animal humano». Es esta misma peste

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