Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

Vista previa de texto
emocional que, añade, «hizo de la ciencia marxista el marxismo de los partidos políticos, que
no tiene la menor relación con esta ciencia y tiene una gran parte de responsabilidad en el
nacimiento del fascismo». La condena, vemos, es brutal y expresa bien el disgusto profundo
que profesa entonces hacia todo este vector ideológico del cual él fue por tanto un partidario
hasta el límite de la incondicionalidad. Así añade:
La observación de Marx de que él «no era marxista» expresa bien este pensamiento. El no habría
jamás soñado fundar una organización política si hubiese sido el pensamiento racional y no el
pensamiento irracional lo que habría regido las masas humanas. El aparato político era
frecuentemente indispensable, pero constituía siempre una medida de apuro, convertida en
necesaria por el irracionalismo de los hombres. Si el trabajo coincidiese con la ideología social, si
hubiese identidad entre deseo, satisfacción de los deseos, medios de satisfacción de los deseos y
estructura humana, la política no existiría pues sería superflua.
Y Reich llega a la conclusión de que la única política buena sería la que convertiría la política
en algo inútil: «Debemos considerar como un sociólogo objetivo y racional al político que
ayuda a la sociedad humana a reconocer también las motivaciones irracionales de la existencia
de la política y de su “necesidad” que toda política se convertirá en superflua». Algunos años
más tarde, en People in Trouble, será más acerbo todavía cuando escribe: «Una política
auténticamente democrática no puede en principio ser otra cosa que la desmitificación y la
eliminación radical de toda clase de política».
La democracia del trabajo
Entonces... entonces, ¿si hay todavía alguna salida posible al irracionalismo generalizado,
cuál puede ser? ¿Cómo hacer que la verdadera política deje de sembrar ilusiones y de recoger
decepciones?
La idea de la «democracia del trabajo» había germinado en Reich desde 1937: por entonces
se encontraba exiliado en Noruega. Pero fue durante su estancia en Estados Unidos que la
desarrolló y, por otra parte, la puso en práctica en el marco mismo de sus actividades de
investigador. Esta concepción parte de la constatación de que en el trabajo concreto las
diferencias ideológicas tienden a borrarse, mientras que la competencia y la capacidad
creadora se afirman. En política se produce lo contrario: «Allí donde la vida acorazada domina
la escena de la vida social, se encuentra en el núcleo de toda actividad una plétora de palabras
y de conceptos que no sirven más que para tergiversar los principios simples de la vida».
Reich hace notar que un republicano, por ejemplo, puede de la noche a la mañana
convertirse en demócrata, como en la Alemania pre-nazi un comunista podía fácilmente
convertirse en fascista, un liberal comunista en social-demócrata, o nacionalista. Esta
intercambiabilidad de las actitudes ideológicas demuestra bien a las claras hasta qué punto la
ideología y la política son extrañas a la vida real, la vida «viviente». Reich ilustra la incompatibilidad total «entre la peste política y el proceso de trabajo» con el siguiente ejemplo:
Es todavía fácil para un trabajador entenderse en ë: Curso de una discusión con un técnico, un
obrero de la industria o un médico. Cuando la conversación versa sobre la ideo logía, el
entendimiento está excluido. Es típico que tantos dictadores y políticos hayan abandonado su
actividad profesional dedicándose a la política. Un zapatero que cae en un éxtasis místico, que se
imagina ser el salvador del pueblo enviado por Dios, se equivocará infaliblemente al contar las
suelas, y coserá mal los zapatos y morirá de hambre. Un político que se comprometiera en este
sentido encontraría por el contrario el poder y la riqueza.
Con el concepto de democracia del trabajo, Reich se defiende de introducir una nueva
ideología pues, dice, no se trata de «una glorificación o una idealización del trabajo». En
efecto, Reich no considera de ninguna manera el trabajo alienante de nuestras sociedades
productivas y de consumo sino que distingue entre trabajo vital Y su contrario: «Calificamos de
no-trabajo toda actividad perjudicial al proceso de la vida». En su preocupación anti-ideológica,
Reich se cuida igualmente de no movilizar su energía contra tal o cual corriente política o
contra tal o cual político, sino para los objetivos concretos realzando «todo trabajo»
indispensable «al mantenimiento de la vida humana y del aparato social».
47
