Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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En un contexto tal, toda crítica debe tener un real conocimiento del dominio de la actividad
impugnada y apuntar hacia el logro del trabajo considerado y no a su fracaso. Se trata en fin
de acabar con una concepción errónea:
La ideología política de las clases dominantes pero ociosas ha menospreciado a través de los
siglos el trabajo de interés vital y presentado el no-trabajo como un signo de nobleza. La reacción
de la ideología socialista de todo tipo ha sido la inversión rígida y mecánica de esta evaluación:
ha reservado el término «trabajo» a las ocupaciones que el régimen feudal había menospreciado,
es decir, esencialmente el trabajo manual (...). Esta inversión mecánica de la evalución ideológica
correspondía exactamente a la noción política de dos clases sociales estrictamente disociadas en
el plano económico y personal, la clase dominante y la clase dominada (...). En la perspectiva
bio-sociológica no se podrían trazar fronteras rigurosas entre las clases, ni ideológicas, ni psicológicas, y todavía menos desde el punto de vista del trabajo.
¿Cómo, pues, organizar concretamente la sociedad según los criterios de la democracia del
trabajo? Ciertamente, liquidando la política como tal ya que «la política es esencialmente la
satisfacción organizada de las emociones biopáticas de los miembros de los partidos». Pero,
¿qué más? Hay que reconocer que a esta pregunta Reich no ha aportado una respuesta muy
satisfactoria, reconociendo él mismo que había hecho una exposición «un poco simplista»; y el
acoso del cual fue objeto, no le dejó tiempo libre para desarrollar sus concepciones en esta
área, ya que se encontró blanco de una marea sin precedentes de ataques y descrédito que le
pusieron físicamente y, en cierta manera, psíquicamente en peligro.
No quedan más que las premisas de una «política de lo viviente» o bio-política, que fueron
dejadas por Reich como unas semillas, las cuales debemos esperar todavía que crezcan un día
y puedan recogerse y contradecir la «fatalidad» de la Historia. Pero la fe testamentaria que
Reich puso finalmente en los Niños del Futuro -y que su propia hija Eva propaga con fervor
promoviendo en todo el mundo el «nacimiento sin violencia» y los derechos de los niños y
adolescentes como seres humanos auto-regulados- ¿podrá finalmente contrapesar su
pesimismo en cuanto a la capacidad real de los hombres de asumir su propia libertad?
4. La pulsión biológica
Orgasmo y bioelectricidad
Las técnicas de Friedrich Kraus, un internista berlinés que había publicado un libro sobre los
fluidos eléctricos, y en el que había llegado a la conclusión de que muchas enfermedades,
tanto orgánicas como funcionales, tendrían en último lugar un sustrato energético vegetativo,
debieron entusiasmar enormemente a Reich. Este, basándose en el concepto de Kraus de
corriente vegetativa, amplía la «teoría del orgasmo», llegando a la conclusión de que podría
tratarse de un fenómeno de descarga bioeléctrica. De esta manera, quizá anecdótica, la
fórmula paradigmática del orgasmo (descrita en un pequeño artículo, «Der Orgamus als
electrophysiologische Entladung», veinticinco años antes de que lo hicieran los respetables
Master y Johnson, que por cierto, consiguieron finalmente convertir el orgasmo americano
pequeño-burgués en algo respetable), fue presentada por primera vez a la bibliografía médica
siguiendo el esquema todavía actual de: 1) tensión mecánica que lleva a un aumento de la tumescencia de los tejidos; 2) tensión mecánica asociada a un aumento de la carga bioeléctrica;
3) descarga a través de las contracciones musculares clónicas, y 4) detumescencia y
relajación.
Reich, que había abandonado Berlín, volvió a su antigua teoría sexo-económica (antítesis
entre la sexualidad y la angustia) pero ahora, en vez de hacerlo a través del campo psicológico
-debido a que un número cada vez mayor de cuestiones empezaban a surgir a raíz de la nueva
fórmula del orgasmo (tensión-carga-descarga-relajación)- tomó la ruta de la fisiología.
¿Posibles motivos? Probablemente la situación política en Europa, el desencanto, y el interés
cada vez más imperante por las nuevas publicaciones que sobre electro-fisiología y bioquímica
empiezan a surgir en la literatura médica. Es en esta época precisamente cuando dos
importantes psiquiatras, Walter y Käthe Misch, estaban tratando las neurosis de ansiedad
mediante inyecciones de acetil-colina; sin embargo, parece ser que lo que impresionó a Reich,
no fueron tanto los resultados sino las respuestas fisiológicas antitéticas que tenían lugar en
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