Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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Este libro, aparecido en Dinamarca en 1933, fue escrito durante el auge del nazismo al que,
siguiendo su costumbre, Reich analiza como testigo comprometido y activo.
¿Cuáles son las razones que mantienen la represión sexual y la moral autoritaria? ¿Por qué
esta pretensión moral de querer reprimir las pulsiones naturales? ¿Cómo es que los hombres,
en su inmensa mayoría, aceptan el sistema social que los oprime? Es a estas preguntas sobre
todo a las que Reich intentará buscar las respuestas en su libro sobre el más espantoso e
irracional momento histórico engendrado por la humanidad.
Por su situación económica catastrófica, Alemania se encontraba en esta época en una
situación objetivamente -por tomar la terminología marxista- revolucionaria. Sin embargo, el
país y con él el movimiento obrero han basculado hacia el fascismo, sorprendiendo a los
marxistas reductores, ignorantes de los factores históricos subjetivos. Hay pues, piensa Reich,
un fallo en el análisis de las fuerzas contradictorias del capitalismo; un fallo cuyo
descubrimiento permitiría comprender el desfase entre la base económica y la ideología, entre
la situación material y la estructura caracterial de los hombres.
Ambivalencia caracterial
Según Reich, el economismo no puede explicar las razones por las cuales el trabajador no
asome su responsabilidad en relación a su propia clase social. Pues en realidad, el trabajador
no es «ni decididamente revolucionario ni decididamente reaccionario, sino que se encuentra
atraído por estas dos tendencias antagónicas, reaccionarias y revolucionarias». De aquí la
ambivalencia de la estructura caracterial: es revolucionario frente a la represión «de sus
deseos materiales brutos», pero se somete a la represión de sus necesidades sexuales.
Si en la Alemania de 1925 había unos trece millones de pequeños burgueses, no había
menos de veintidós millones de obreros sin los cuales el fascismo no habría tomado una tal
magnitud. ¿Por qué pues el trabajador se ha dejado arrastrar hasta tal punto aun engaño tan
grande? ¿Por qué no ha respondido a la llamada de sus dirigentes, a pesar de estar armados
de las mejores intenciones «revolucionarias»? Ciertamente, en razón de su ambivalencia
caracterial evocada anteriormente, pero también y por consecuencia -del hecho de que se
había aburguesado integrando el modo de vida y la moral sexual de la burguesía-, fueron
numerosos los que se dejaron seducir por el «discreto encanto» de la socialdemocracia.
De aquí, para Reich, este descubrimiento de que la adhesión al fascismo no era debida a un
«momento de perturbación» como decían los «marxistas» de la época, ni era la prueba de un
masoquismo primario como pretendían los «freudistas». El fascismo sólo puede ser explicado
si nos remontamos a sus fuentes, que son la familia autoritaria y la educación represiva, que
estructuran al individuo de una manera rígida desde los primeros años de la vida:
«Invistiendo todo movimiento de vida y de libertad de una pesada carga de angustia», la
inhibición moral «paral4iza las fuerzas de la revuelta en el hombre y le deteriora, imponiéndole
la prohibición de pensar en cosas sexuales, su potencia intelectual y su sentido crítico». O
bien: «La obstrucción del camino de la realidad sexual transforma el lazo biológico del niño con
la madre y también el de la madre con los hijos en fijaciones sexuales indisolubles y en una
ineptitud para contraer otros lazos». En cuanto al rol autoritario del padre, «refleja su rol
político y desvela la relación de la familia con el estado autoritario. En efecto, en el interior de
la familia el padre adopta la misma actitud que su jefe jerárquico fija en relación al proceso de
producción. Y se apresura a transmitir a sus hijos e hijas, y muy especialmente a sus hijos, su
estado de sujeción en relación a la autoridad establecida». Cuando el niño se convierte en
adolescente, su estructura es sumida y angustiada, y tiene necesidad, fuera de su medio
familiar, de un ambiente de seguridad parecido al que encuentra en la familia. Necesita un
Führer, tal como tuvo necesidad la masa de la población alemana para transferir «el conjunto
de actitudes afectivas que se dirigían no ha mucho a su padre protector y representativo».
Caracterialmente idénticos, los individuos se identifican con el Führer, experimentando al
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