Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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autorregularse en tanto que sistema biológico y social?
Partiendo de aquí era inevitable que Reich se interesara por la etnología y la antropología.
Lo hizo, lo hemos visto, como estudiante de las obras de Engels, Morgan y Bachofen. Pero a la
luz del psicoanálisis, aparecía la necesidad imperiosa de ir más lejos, más profundamente en el
sentido de la psicología de las profundidades.
En efecto, si las tesis freudianas sobre la destructividad innata del hombre -el «instinto de
muerte»- y sobre la dependencia de toda civilización de la represión severa de la sexualidad
eran fundadas, parecía imposible concebir una sociedad que no estuviera acompañada de una
educación y de una moral constriñentes o, dicho de otra manera, una sociedad diferente de la
nuestra. Entonces ¿para qué entregarse apasionadamente a conseguir el proyecto socialista?
No iba a ser la antropología tradicional la que, con su cortejo de imágenes superficiales, de
descripciones más o menos estereotipadas sobre las «extrañas costumbres», iba a esclarecer a
Reich en su marcha de pionero. Pero un antropólogo de origen polaco, Bronislav Malinowski,
iba a contribuir grandemente, en particular con su estudio titulado Sex and Repression in
savage society, publicado en Londres en 1927. El autor analizaba en profundidad las
costumbres sexuales de los habitantes de las Islas Trobriand, en Melanesia, a partir de las
últimas adquisiciones del psicoanálisis.
Malinowski había sobre todo constatado que, en los trobriandeses, lo que entonces se había
dado en llamar «el complejo de Edipo», estaba socavado en sus cimientos: el odio profundo
del hijo hacia el padre estaba no sólo ausente sino que, por el contrario, cedía el puesto a una
amistad sin ambivalencias. El antropólogo estableció una relación directa entre esta
particularidad y la organización social de los indígenas: en los trobriandeses, en efecto, el
padre estaba desprovisto de las atribuciones autoritarias y antisexuales características de las
sociedades patriarcales. Por otra parte, anota Reich, en los trobriandeses, «excepto en lo que
se refiere a la prohibición del incesto, no existe ninguna moral hostil a la sexualidad; al
contrario, el yo, es decir, el ideal-del-yo, se desarrolla favorablemente a la sexualidad». Había
que añadir todavía que, en relación al incesto, su prohibición no debería ser considerada como
una restricción sexual, desde el momento que la sexualidad puede satisfacerse plenamente.
Los niños y jóvenes tienen tiendas reservadas donde pueden ejercer su vida sexual; en la
familia no existe ninguna estructura rígida: los padres y los hijos están ligados por un
sentimiento de igualdad; las relaciones sexuales propiamente dichas están exentas de
sentimentalismo a la manera romántica occidental, basado éste en la nostalgia de la
satisfacción orgástica.
Tenían pues los trobrianeses, -en los primeros tiempos- una autorregulación fundada en la
satisfacción orgástica de las pulsiones vitales, sin celos, ni perversiones, ni neurosis. La
universalidad del complejo de Edipo se veía así impugnada, lo que evidentemente dio lugar, en
los medios psicoanalíticos, a vivas controversias sobre todo en relación al origen de las
neurosis y al papel que juega la sublimación. «Pero -comenta Reich- no se hablaba nunca de la
necesidad de una satisfacción sexual directa». En efecto, prosigue, «vemos en seguida (en la
práctica psiquiátrica) que no existe una neurosis sin trastornos de orden genital y signos
visibles de estasis sexual». De la misma manera que «la instauración de la organización y de la
satisfacción genital completa constituye el factor esencial e indispensable para la curación»,
con la condición de que el medio social no se oponga a la satisfacción de las exigencias
sexuales.
Así cuestionaba de nuevo la implicación social de la terapia y, más precisamente: si el
psicoanálisis se confesaba incapaz de realizar una terapia de masas, vista la amplitud social de
las neurosis, ¿cómo llegar a una profilaxis auténtica, es decir, a una supresión preventiva de
las causas de las neurosis?
Otra pregunta fundamental era si, contrariamente a las tesis de Freud, no es la represión lo
que engendra la civilización, sino a la inversa, «¿qué interés tiene la sociedad en promover la
represión de la sexualidad»?

Del «comunismo original» al patriarcado

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