Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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la naturaleza, extendida hasta el cosmos y que tiene muy poco que ver con la religión de las
Iglesias. Se trata, en el fondo, de ese sentimiento/sensación oceánico cuya realidad no puede
ser negada: es un compuesto fundamental que caracteriza la experiencia humana, y que no se
le había escapado ni a Freud ni a Marx. Es la tergiversación y después la negación de esta
realidad la que engendra las desviaciones del misticismo tal como Reich las había siempre
denunciado, principalmente como uno de los componentes fundamentales del fascismo latente
de las masas humanas reprimidas.
Marx y el trabajo viviente
Si hemos hablado pues de sustancia para evocar el «misticismo» del «último» Reich, es
porque se puede clasificar su vitalismo de materialista1. Una de sus últimas obras, People in
Trouble, es una de las más explícitas a este respecto, en particular el capítulo titulado «La
fuerza productiva viviente, la fuerza del trabajo de Karl Marx», publicado por primera vez en
1944 y donde dice: «La plusvalía está producida sobre la base del carácter específico de la
fuerza del trabajo viviente. El núcleo de la economía de Marx es la diferencia fundamental
entre la fuerza productiva viviente y la fuerza productiva inerte». Y es este «núcleo» que Reich
intentará en sus últimas investigaciones poner en contacto con el estudio orgonómico de la
actividad biológica humana. Es esta actividad, dice Reich, que es creadora de plusvalía, la cual
no es un carácter específico del capitalismo pues:
No se encuentra en ninguna parte de la teoría económica de Marx la afirmación según la cual en
el socialismo no habrá más producción de plusvalía (...). El problema fundamental que proponía
Marx no era el saber si el socialismo comporta o no la plusvalía; el problema era el de la
naturaleza de la plusvalía, de saber de dónde viene y quién dispone de ella (...). Después de
haber descubierto la naturaleza de la fuerza productiva viviente y la del origen de la plusvalía,
podemos preguntarnos a continuación a quién revierte la plusvalía. La plusvalía revierte siempre
a los que poseen los medios sociales de producción: en el capitalismo privado son los capitalistas
individuales, en el capitalismo de Estado, es el Estado, y en una democracia libre de trabajo, es el
conjunto de los individuos que trabajan como fue el caso de las sociedades primitivas, y como se
prevé en una sociedad verdaderamente democrática.
Según Reich, es bajo el efecto de la peste emocional que la teoría científica del valor de
Marx se ha pervertido: «En sus tentativas para excitar las emociones en las masas y de
conciliarlas, los políticos de partido olvidaron la explicación neutra del valor de la fuerza del
trabajo; unieron al concepto objetivo de «plusvalía» un sentimiento afectivo compuesto de
resentimiento, de odio, de celos y ganas de meterse en sus bolsillos la plusvalía». Esto es,
añade Reich, una de las causas fundamentales que «llevaron a la ruina de todo el movimiento
obrero».
Todo esto nos ayuda mejor a comprender hasta qué punto la filosofía reichiana se apoya
sobre la primacía de lo viviente, y que si ésta no tiene finalidad (la vida no tiene objetivo pero
sí una función que es... vivir) no debe autodestruirse por la pérdida de su capacidad de
autorregulación funcional. Tal es para Reich, a escala humana, el sentido de la organización
social, sobre el cual volveremos a propósito de la democracia del trabajo y de la biopolítica.
La lección de los salvajes
Como ninguna forma de pensamiento puede ser disociada de las condiciones materiales en
las cuales se ha desarrollado tenemos que hacer notar, en términos biográficos, la doble
vertiente de sus orígenes campesinos y la atracción que manifestó muy pronto por las ciencias
de la naturaleza (acentuada todavía más por sus estudios de biología y medicina, y sin duda
también por una cierta predisposición caracterial) que han vivificado -podemos decirlo así- las
fuentes de su vitalismo. Y el ardor de su deseo de naturaleza era tanto más fuerte cuanto más
particularmente viva era su voluntad de remontarse a los orígenes de la pérdida del «paraíso
terrestre». De aquí esta pregunta lancinante: ¿en qué momento de su historia, por qué causa
y por qué el Hombre ha perdido su armonía original con la naturaleza y su capacidad de
1
En el sentido que hemos precisado antes, el materialismo no niega la espiritualidad. No se trata aquí de
abordar el debate metafísico sobre la primacía del espíritu o de la materia.
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