Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


Vista previa del archivo PDF wilhelm-reich-carlos-frigola-gerard-ponthieu-1979.pdf


Página 1...36 37 38394059

Vista previa de texto


el autor de La lucha sexual de los jóvenes les opone una argumentación no moral sino de
orden «técnico».
Se puede demostrar, por ejemplo, que la satisfacción sexual de una persona heterosexual «con
buena salud psíquica» es más intensa que la del homosexual también «con buena salud». Este es
un hecho muy importante para la economía psíquica. Como contraposición a la Tesis de ciertos
homosexuales que pretenden pertenecer a una especie particular pero de ninguna manera
enferma, se puede oponer el hecho de que con un tratamiento psicoanalista eficaz, todo
homosexual tiende a abandonar la homosexualidad, mientras que no se ha visto jamás que un
heterosexual se haga homosexual después de un tratamiento tal.

Podemos evidentemente preguntarnos lo que hay que entender por este criterio cuantitativo
de «más intensa» y que puede «ser demostrado» y si Reich no comete en estas circunstancias
una confusión irracional por el hecho (le que parece separar abusivamente los componentes
psíquicos y físicos de la sexualidad humana. Sus experiencias futuras sobre la bioelectricidad y
más tarde sobre la biofísica del orgón no le aportarán en esta área, como en el área de la
masturbación por otra parte, respuestas determinantes. Es de notar de todos modos que, en
adelante, Reich no considerará más, realmente, estas particularidades de la sexualidad, sobre
todo cuando ya no habla más que de «superposiciones» de corrientes vegetativas, limitándose
a constatar que «era viviente».
Volviendo a los argumentos expuestos en La lucha sexual de los jóvenes, Reich no aparece
mucho más convincente cuando invoca referencias antropológicas: «Según los últimos
descubrimientos de Malinowski, la homosexualidad en los primitivos se manifiesta en la medida
en que los misioneros (estos rufianes del capital) introducen la moral cristiana en la vida
sexual natural y empieza la segregación de sexos. Esto confirma el resto de la observación
corriente de que allí donde las relaciones naturales entre el hombre y la mujer están sometidas
a obstáculos (colegios, ejército, cuarteles, etc.) la homosexualidad se desarrolla en seguida».
Se puede en efecto objetar a este tipo de argumento, como ya se había hecho, que la ausencia
de homosexualidad en los trobriandeses puede también ser consecuencia de una presión social
interna, en la medida en la que este pueblo desaprueba la homosexualidad. Es pues bien
difícil, sino superfluo, querer separar la cuestión de lo innato o de lo adquirido de las
tendencias homosexuales.
Así, nosotros preferimos quedarnos de Reich las siguientes conclusiones a propósito de la
cuestión de la homosexualidad:
Sería de cualquier manera absurdo querer deducir de lo que precede que los homosexuales
deben ser perseguidos o considerados con desprecio o suspicacia. Esto sería cometer un error tan
grave como el de condenar la homosexualidad, bajo la influencia inconsciente de la moral
burguesa, como un comportamiento antiproletario (...). En tanto que la educación sexual será tal
que empujará a la gente a la homosexualidad, nadie tiene el derecho a inmiscuirse en la
existencia de estas gentes mientras, sin molestar a nadie, se organicen a su manera y se
encuentren bien. La constatación de que la homosexualidad constituye un desarrollo no natural
no da el derecho a nadie a castigar, condenar o hacer uso de la discriminación. Se debe intentar
el curar a los homosexuales que sufren de su condición, pero nadie se debe creer investido de la
tarea de obligarlos o empujarlos a la curación.

Añadimos finalmente que fue el restablecimiento de la URSS, algunos años más tarde, de
leyes represivas contra los homosexuales que sacudió el entusiasmo pro-soviético de Reich y
lo llevó a desplazar su economismo hacia otros conceptos tales como la «estructura autoritaria
gregaria», reflejo de la estructura sexual sado-masoquista creada por la represión.
Hemos ya visto varias veces, y en particular sobre esta cuestión de la homosexualidad, que
Reich invoca frecuentemente la idea de naturaleza o el concepto de sexualidad natural. Esta
será una referencia constante en todos sus trabajos, referencia que extenderá por otra parte
ulteriormente a la idea de la Vida (en mayúsculas) y también aquella de Vida viviente, para
llegar al vitalismo orgonómico con el cual designará su teoría de la energía vital o bioenergía.
Un vitalismo que, a despecho de sus manifestaciones, no se podría calificar demasiado
prematuramente de místico. Sería pues necesario en primer lugar ponernos de acuerdo sobre
la sustancia del misticismo y saber si forma o no parte de la realidad profunda del «animal
humano»: y sobre todo si cada cual puede pretender no mostrarlo jamás en un momento u
otro de su existencia. También, en lo que se refiere al Reich del último período de su vida,
creemos que conviene mejor hablar de religiosidad en el sentido etimológico de lo que religa a

38