Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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dejar Viena -y la falta de ardor, casi el inmovilismo del P C. austríaco- y dirigirse a Berlín. Es
para él una manera de arraigarse más profundamente en el terreno socio-político, como una
justa vuelta a la práctica después del acceso de teoría de sus años vieneses.
En seguida se juntó con el movimiento berlinés de juventudes comunistas, y encontró aquí
el más vivo interés por sus tesis sobre las estrechas relaciones entre la sexualidad y la política.
Al mismo tiempo, por otra parte, la prensa burguesa de Europa se desencadena torpemente
contra la URSS, dedicada según ellos al derrumbamiento de la cultura y a la depravación
sexual. La nueva legislación soviética acababa de tomar en efecto una serie de medidas
revolucionarias tales como la legalización del aborto, la propaganda en favor de la
contracepción, la abolición del concepto de hijo ilegítimo, la supresión de sanciones en lo
concerniente al incesto (en la medida en que no hubiera tenido lugar mediante violencia o
intimidación), la homosexualidad, la emancipación profesional de la mujer, la protección de la
joven frente a la contención familiar abusiva.
Regreso de la URSS: La lucha sexual de los jóvenes
Había pues bastantes elementos para que Reich se decidiera a ir directamente sobre el
terreno. Aunque años más tarde se defenderá vivamente, Reich es literalmente conquistado
por el nuevo régimen soviético, como lo fueron también numerosos intelectuales progresistas.
Hasta el punto que fue cegado por el descubrimiento que hacía de las manifestaciones de
vanguardismo que le fueron ostensiblemente mostradas, mientras que escapaba a su mirada
crítica la permanencia de toda una serie de antiguas concepciones reaccionarias relativas a la
sexualidad, por ejemplo el hecho de que la sexología permanecía en el coto cerrado de
urólogos y fisiólogos moralistas, campo por otra parte totalmente abandonado por los
dirigentes comunistas. Al mismo tiempo, «la nueva línea» stalinista se esforzaba, con los
métodos «radicales» que actualmente conocemos, a dar la «razón» a las manifestaciones
libertarias que se expresaban en el bolchevismo, bien a nivel de la organización de trabajo, de
la pedagogía (como los jardines de infancia de la psicoanalista Vera Schmidt, que Reich visitó
con un entusiasmo desbordante) o, más generalmente, del ejercicio de la democracia.
De vuelta de Rusia, publica Adolescencia, castidad y moral matrimonial que es una
verdadera apología prosoviética y pan-economista, reduciendo la moral sexual represiva a la
sola función de apoyo de la sociedad capitalista y de la propiedad privada...
Reich hace aquí todo un conjunto de observaciones y deducciones pertinentes: muestra
claramente cómo el matrimonio monogámico está estrechamente ligado a la formación y a la
perpetuación de la ideología burguesa, con la imagen omnipotente de la autoridad paterna,
símbolo (le toda autoridad y cómo la represión de la sexualidad infantil y juvenil permite la
sujeción de los niños a la autoridad. Así se había pasado de las diferentes prácticas de
mutilaciones genitales (como las que existen todavía en algunos países de obediencia islámica,
sobre todo) de principios de la era patriarcal, a una «castración psíquica» generadora de
sentimientos de culpabilidad y de angustia sexual de efectos desastrosos tanto individual como
socialmente.
Pero por sus conclusiones pan-economistas, se puede decir que Reich quedaba parado a
medio camino, ya que estas no podían aplicarse, por ejemplo, a comunidades religiosas; en
efecto, no se puede explicar en éstas una represión sexual-más severa todavía que la de la
familia- por la preocupación de preservar una línea hereditaria masculina o por monogamia...
Se puede hacer el mismo tipo de objeción a propósito de los países donde la propiedad privada
ha sido abolida pero no la represión sexual, la dimensión psico-política de las cuales no se
incluye en este momento, entre las preocupaciones del «patriota del partido» de vuelta de su
peregrinación... Actitud que por otra parte no ha cambiado cuando, en 1931, escribe La lucha
sexual de los jóvenes que representa el punto culminante de su compromiso con el
movimiento comunista del que renegará más tarde en estos términos: «los aspectos políticos
de esta obra están desfasados y son caducos, por lo tanto desprovistos de valor» (nota de su
biografía general, 1953).
Desde este punto de vista se trata de un libro dépassé; pero en lo que concierne a la
represión de los adolescentes, no se puede negar que presenta una incontestable actualidad,
incluso en nuestras sociedades, llamadas liberales y «permisivas»:
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