Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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sufrimiento sexual de las masas, la relación entre el psicoanálisis y la sociología marxista. Para
esta última conferencia, los organizadores comunistas habían hecho venir especialmente un
psiquiatra de Moscú... Este trató groseramente al psicoanálisis que, según él, no tenía ningún
lugar en la lucha revolucionaria, llegando incluso a declarar que el complejo de Edipo era una
«fantasía antimarxista».
Fue el primero y duro contacto con el dogmatismo ideológico y la sexofobia de los políticos
así dichos «marxistas» a los cuales Reich intentó oponerse con un libro importante,
Materialismo dialéctico y psicoanálisis, que por otra parte, será editado en Moscú en 1929.
Esta obra arroja un puente entre los problemas sociopolíticos y lo que se llama psicología de
las profundidades, o si se quiere, las relaciones entre Marx, Engels y Freud. Para Reich no se
trata de un ensayo cualquiera, síntesis de las dos corrientes, sino que, por el contrario, se
dedica a poner en claro las profundas diferencias y, sobre todo, el rol predominante de la
sociología marxista frente a la cual, dice, «el psicoanálisis puede representar una parte de una
ciencia auxiliar, por ejemplo, bajo la forma de una psicología social». Una tal formulación, por
un lado restricta con respecto al psicoanálisis, parecería demostrar bastante devoción
doctrinaria para hacernos temer lo peor de lo siguiente... En suma no es nada. Nada más que,
en cualquier caso, esa especie de incondicionalidad ideológica, de este «patriotismo de
partido» con los cuales Reich será tan severo años más tarde en sus juicios. Una incondicionalidad que, en resumidas cuentas, no resistirá profundamente a la propia exigencia crítica de
Reich. Podemos decir que éste tiene todavía ciertas dificultades para liberarse de su profunda
convicción de que la revolución económica había constituido en Rusia una auténtica revolución
social y, de esta manera, no se permite poner en duda la doctrina marxista. Por otra parte, ¿es
la única doctrina que es necesario cuestionar cuando todo el edificio de la ilusión revolucionaria
se viene abajo? Más tarde lo veremos.
Reich comienza pues por destruir las dos objeciones principales que los doctrinarios
marxistas hacen al psicoanálisis; así, según éstos, éste sería:
1. Un fenómeno de descomposición de la burguesía decadente: un «capricho a la
moda» en los salones burgueses, como había dicho Lenin;
2. Una ciencia idealista.
Pasemos sobre el primer punto, fácilmente rechazado por Reich con, según sus propias
palabras, los otros «instrumentos de la barbarie pseudomarxista». En cuanto a la segunda
objeción, ésta da lugar a interesantes acontecimientos.
Reich critica sobre todo el materialismo mecanicista según el cual los procesos psíquicos
carecen de toda realidad. «El error mecanicista -dice Reich- reside en el hecho de identificar
con la materia lo que es medible y ponderable, es decir, tangible» (notemos de pasada que
son los mismos comentarios que Reich hará al oponerse a sus detractores futuros y todavía actuales a propósito de la energía orgónica). En ninguna parte, prosigue Reich, Marx habla de
negar la realidad material de la actividad espiritual: si así fuera, ¿en qué se convertirían las
nociones de «conciencia de clase», «voluntad revolucionaria», «ideología religiosa», etcétera?
¿qué sería de las ecuaciones de química o de electricidad? No se trata pues de oponer el
materialismo al espiritualismo sino al idealismo. El materialismo que se opone al espiritualismo
es el materialismo burgués, que Marx rechazaba con fuerza.
La energía del instinto sexual
Reich vuelve a recordar el concepto materialista de la libido, tal como lo expresó Freud en su
primera época: se trata de la energía del instinto sexual, desarrollada en el organismo como
un todo -y más concretamente en las zonas genitales y erógenas- y, podríamos decir,
sostenida por la superestructura de las funciones psíquicas.
Además, añade Reich, la significación material efectiva del concepto freudiano de la libido ha
sido completamente confirmada por los fisiólogos que han descubierto hasta en el aparato
sexual de los recién nacidos procesos evolutivos que validan la teoría de la sexualidad infantil.
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