Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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como de esa clase de pulsión de conocer que le lleva a Reich a estar con los otros. Y es
precisamente con ellos que por ejemplo se encuentra la tarde del 30 de enero de 1927, en
Schattendorf, pequeña ciudad austríaca donde se ha previsto una asamblea socialista. Pero
poco antes del inicio de la asamblea, un grupo de antiguos monárquicos abre fuego sobre la
muchedumbre, matando a un niño e hiriendo a numerosos militantes. Ahora bien, los asesinos
no tienen ninguna dificultad para emprender la huida a pesar de la atrocidad del crimen y del
hecho de que se haya producido en una localidad casi enteramente socialista; la población no
encuentra otra cosa mejor a hacer que confiar el desarrollo del caso a la autoridad judicial.
¿Cómo es esto posible? se indigna Reich; ¿por qué la multitud no reaccionó persiguiendo ella
misma a los asesinos?
Todo lo que pasa después continúa asombrando a Reich y en particular el hecho de que sólo
una huelga de protesta de quince minutos fue decretada al día siguiente por los dirigentes
socialistas... Estos últimos intentaron justificar una tal inercia por una pretendida preocupación
por evitar las provocaciones antiburguesas y no excitar el espíritu de los obreros... los asesinos
-finalmente encontrados ¡fueron absueltos! Esta vez, la indignación sacudió a las masas
obreras que fueron a la huelga y organizaron manifestaciones en Viena, al día siguiente del
juicio. Aquí se produjeron enfrentamientos con la policía, que abrió fuego matando a
numerosos manifestantes. Reich estaba presente y quedó sorprendido sobre todo por la
calmada determinación de los obreros, resolviendo la irresponsabilidad de sus dirigentes, los
cuales no hicieron nada por evitar el baño de sangre, lo que estaba en sus manos
interponiendo sus «unidades socialistas de seguridad» (la Schutzbund contaba con 50.000
hombres entrenados militarmente) entre los manifestantes -sin armas- y la policía. Esto fue
para Reich un choque profundo que contribuyó a acercarlo al partido comunista en el cual se
inscribió al año siguiente.
¿El sadismo de las masas?
Pero la otra enseñanza que Reich saca de estos acontecimientos es de orden psicológico, a
saber, el cuestionamiento de la existencia de un sadismo innato que, según la psicología
freudiana, determinaba el comportamiento del individuo y de las masas. Cuando se dirigía
hacia el Palacio de Justicia que estaba en llamas, Reich encontró una unidad de policías
armados, Muchos de entre ellos eran socialdemócratas y advirtió que daban la impresión de ir
a disgusto, como muertos de vergüenza. Por su parte, la población los cubría de insultos: «¡No
tiréis!, ¡No seáis imbéciles! », « ¡Asesinos de los trabajadores! ». El número de los heridos era
elevado y la muchedumbre estaba muy excitada; pero la mayoría se contentaba con asistir
pasivamente a los acontecimientos.
«Quedé asombrado -escribe Reich en People in Trouble- de la mansedumbre de la población.
La muchedumbre era tan fuerte que hubiera podido literalmente desintegrar a estos policías.
Pero reinaba una atmósfera pacífica y casi alegre. Los policías podían ir y venir sin armas entre
la muchedumbre, a pesar de que, en la vecindad inmediata, los ciudadanos hubiesen sido
matados como conejos. Esto me pareció incomprensible. ¿Por qué la multitud miraba sin hacer
nada, absolutamente nada por parar la carnicería? ¿Dónde se encontraba entonces el sadismo
de las masas?».
Con ocasión de un nuevo enfrentamiento asesino, Reich se interroga
comportamiento inhumano, mecánico, de los policías: «Robots» exclama y añade:
sobre
el
Yo también, durante la guerra, había sido la rueda de un engranaje. Yo también había tirado
ciegamente sin pensar en nada... En su ensayo Psicología del grupo y análisis del Yo, Freud había
buscado demostrar que en las organizaciones de masas, lo gregario abdica su perso nalidad
individual y se identifica con el jefe o la idea. Cesa, en suma, de ser él mismo y regresa hacia la
fase infantil de su desarrollo para efectuar esta identificación (...) Las afirmaciones de Freud eran
exactas. Se podía observar directamente la identificación con el jefe, y la pérdida de la
individualidad era igualmente evidente (...) Y no obstante, no obstante... todo esto no era
satisfactorio: ya que esto eternizaba el fenómeno y lo anclaba en una ley biológica.
A partir de estos acontecimientos nace en Reich, como una intuición, el sentimiento del
absurdo fundamental de la organización social:
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