Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

Vista previa de texto
en lo sucesivo la sexualidad y la sexología no pueden ser tratadas más que en estrecha relación
la una con la otra. Y no tardará mucho tiempo en que la patología orgánica, al evaluar la lesión
de un tejido, piense tanto en su origen social como en su origen sexual. Los hombres son
organismos biosexuales y sociales que desarrollan perturbaciones de sus funciones titulares de la
misma manera que lo hacen en su vida emocional.
Estas líneas, extraídas de La biopatía del cáncer datan de 1948, es decir, de la época así
llamada «americana» de Reich, en la cual, muchos de sus despreciadores tienen la costumbre
de situar la «locura» del autor de La Revolución sexual, «locura» que evidentemente se
apresuran a hacer coincidir con un pretendido abandono de sus preocupaciones sociales.
Es corriente -y plenamente actual- que los disidentes sean relegados a los pabellones
psiquiátricos desde que comienzan a poner en evidencia el proceso de disimulación de un
sistema detrás del cual los dirigentes y sus cómplices intentan enmascarar su propia miseria.
Reich fue uno de los primeros en mostrar hasta qué punto puede ser peligroso el indicar la
salida de la prisión a los prisioneros que, por miedo a la libertad, no quieren salir. Y en una de
sus últimas obras, People in Trouble (1953), Reich tiene la audacia imperdonable de reincidir:
«El bloqueo de los procesos vitales simples y naturales engendrado por los animales humanos
biópatas, se ancla en el carácter de las masas humanas de forma bio-física, y adquiere así una
importancia social».
En suma, estas dos citas marcan el punto «final» del paso orbital hacia un pensamiento
auténticamente revolucionario. Final en el sentido de que su vector vivo debía perecer poco
después bajo los golpes de la «peste emocional» en una penitenciaría de los EE.UU.
Revolucionario en el sentido astronómico del término, en un movimiento infinito por el cual, a
través del tiempo, un elemento del espacio retorna hacia su punto de partida sin que no
obstante regrese a él: se ha producido un desplazamiento real por un avance en una dirección
y desde su punto de partida hasta su punto de «llegada», el pensamiento de Reich, vamos a
verlo a lo largo de estas páginas, ha seguido una dirección, una coherencia no lineal, sino
revolucionaria.
El compromiso militante
En principio, el médico psiquiatra parte de la constante de la neurosis individual. En seguida
descubre la causa social y se compromete a combatirla: es la época de los dispensarios de
higiene sexual y del movimiento Sexpol para los cuales los descubrimientos fundamentales de
Freud deben ser llevados a la calle para realizar su alcance revolucionario.
Segundo tiempo: Reich mide la amplitud colectiva de la neurosis y los estragos desastrosos
que causa en la psicología de las masas; y extrae entonces la lección del fascismo alemán
volviendo a una nueva cuestión: ¿por qué y cómo la clase obrera ha sufrido una tal derrota?
Marx debe dejar la calle y, de alguna manera, tenderse sobre el diván analítico...
Tercer tiempo: Reich descubre que la estructura de carácter de las masas expresa el
fundamento material de la ideología y del irracionalismo político. El fracaso patente de la
revolución soviética, convertida en «fascismo rojo», le lleva a considerar la política como una
«biopatía organizada». Sus trabajos en los países nórdicos, sobre la función del placer y la
bioelectricidad indican su preocupación por encontrar un fundamento científico a sus
descubrimientos psico-políticos.
Cuarto tiempo final: la ciencia no puede ser neutra; su objeto es el conocimiento que,
inseparable del trabajo y del amor, compone el tríptico reichiano que debe gobernar la vida.
Aparece entonces el concepto de la democracia del trabajo y su corolario: la profilaxis social
para la prevención de las neurosis, ésta será la tarea de los Niños del Futuro.
Este bosquejo apresurado que vamos a desarrollar, parece indispensable pues muchos
reductores simplistas se dedican siempre, sobre todo en relación a Reich, a no considerar en
su alcance general, a lo largo de cuarenta años de intensa actividad, la profunda dinámica de
un pensamiento en movimiento constante. En particular cuando se trata de las relaciones de
Reich con Freud y Marx, es ya «clásico» que el primero sea reducido y fijado a los segundos en
un pretendido «freudo-marxismo». Ahora bien, aunque se encuentran en Reich huellas impor-
30
