Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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La teoría reichiana del carácter surgió de la lucha contra los conceptos mecanicistas del
psicoanálisis: el descubrimiento y la eliminación de las defensas. Reich llegó al concepto de la
estratificación de las defensas (Panzerschichtung), ordenando el análisis de las resistencias
estrato por estrato, en un paciente, un joven pasivo-femenino que presentaba síntomas
histéricos, y que sufría de impotencia «ascética». Este caso «histórico», que ya había
empezado a tratar a principios de 1925, le sirvió para presentar la teoría económico-sexual del
carácter, tal como hiciera Freud con su famoso caso, también «histórico», de la joven histérica
Anna O.
Este joven era una persona excesivamente amable y «educada» y, a causa del miedo, muy
tímido. Cedía a cualquier situación. Su amabilidad era la «fachada» más externa y visible de su
estructura. El material del análisis era la fijación sexual con su madre, pero «ofrecía» el mate rial sin ninguna convicción interna, simplemente relataba y sonreía. Reich, en vez de analizar y
discutir el material edípico, se limitó a señalarle que su amabilidad era una defensa contra
cualquier sentimiento afectivo. De hecho, a medida que pasaba el tiempo, su agresividad
latente empezó a surgir en los sueños, y su aparente amabilidad, fue tiñendo cada vez más en
odio y rabia, volviéndose, en cada sesión, más y más agresivo. Reich se percató de que
aquella amabilidad era una defensa contra los impulsos de odio, por lo que dejó salir
plenamente aquellos impulsos hasta que el paciente se diera cuenta de que el odio y la
amabilidad eran antitéticos, que cada uno era la manifestación disfrazada del otro. A su vez, el
odio escondía un miedo tremendo a sus padres, que también era una defensa del yo contra la
angustia, que fue la que progresivamente dominó las demás actitudes del paciente. A medida
que el análisis progresaba, el odio fue cediendo hasta producir una nueva angustia, que era, al
mismo tiempo, otra defensa contra un odio mucho más profundo y destructor. No obstante, si
el primer odio quedaba satisfecho mediante el desprecio y el ridículo la actitud más profunda
de odio era ya una amalgama de impulsos tremendamente asesinos contra la figura del padre,
que se expresaron en algunas fantasías y sentimientos en la transferencia.
El odio destructor hacia el padre era lo reprimido, mantenido a raya por la angustia, pero al
mismo tiempo -y esto es lo que intuyó Reich- este odio destructor era, a su vez, una reacción
defensiva contra el miedo de ser destruido (castrado) por el padre. Además, el miedo a ser
castrado (enmascarado por el odio contra el padre) era en sí mismo una defensa contra otro
estrato todavía más profundo de agresión: la tendencia a castrar al padre para liberarse de él
y conseguir así a la madre. De esta manera, Reich elaboró la teoría de la identidad antitéticofuncional de lo reprimido y de las defensas correspondientes.
Las contradicciones psíquicas tenían una entidad histórica y estructuralmente comprensible.
Reich, que fue tratando el caso a lo largo de varios años, se dio cuenta de que, si bien el
segundo estrato era simplemente destructivo, el tercero era destructivo con una connotación
sexual. Este, como hemos visto, estaba frenado y mantenido a raya por el miedo a la
castración, pero a su vez, también contenía otro estrato todavía más hondo e intenso: una
atracción pasiva y femenina hacia el padre. Y a su vez, «ser femenino frente al padre», era el
resultado de una previa castración por el padre: no tener pene; de modo que el niño se defendía de este sentimiento mediante una fuerte agresividad destructora. Estos hallazgos, que
fueron publicados ocho años después de haber sido descubiertos, permitían observar
simultáneamente las vivencias actuales y las infantiles; desaparecía la antítesis entre lo
histórico y lo contemporáneo.
Reich, viéndose situado entre Freud y Adler, se preguntó si no había llegado a las mismas
conclusiones que este último, a las funciones de defensa y protección con sus impulsos de
auto-afirmación, inferioridad o a la voluntad de poder. Pero había una evidencia y una
diferencia fundamental: Reich se introducía en el análisis del carácter a través del análisis de
la conducta sexual y tuvieron que pasar varios años antes de ver más claro: «la destructividad
fijada en el carácter no es nada más que cólera derivaba de la frustración en general y de la
negación de la satisfacción sexual en particular».

3. Más allá de Freud, más allá de Marx
Hoy día, no existe la sexología «no política» (...) En la esfera de la biopsiquiatría se sabe bien que

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