Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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servicio del amor, como diría Reich; por el contrario, es un instrumento de agresión y
venganza.
b) carácter pasivo femenino: se debe a una excesiva severidad por parte del padre, lo
que provoca en el hijo el que deba reprimir sus sentimientos de hostilidad hacia él o bien
sublimarlos con una actitud femenina y sumisa. Evita la agresión por medio del «contenerse»,
«retenerse» o «refrenarse»; es decir, con perversiones masoquistas y tendencias anales. La
madre ha sido, por otro lado, excesivamente estricta en la fase anal, utilizando, por ejemplo,
el orinal como un instrumento de poder.
c) carácter histérico: con escasa tendencia a las actividades intelectuales, a la
sublimación y a las formaciones reactivas, se presenta siempre con una conducta sexual
evidente. La coraza caracterial está menos solidificada: el andar blando y la expresión facial
provocadora. Fijado en la etapa genital, el niño ni siquiera puede satisfacer sus impulsos pregenitales (ano o boca), a causa quizá de la moralidad compulsiva de los padres. El histérico lo
genitaliza todo; flirtea y tantea, no por un deseo sexual auténtico, sino para prevenir la
angustia que surge frente a la propuesta sexual del otro.
d) carácter compulsivo: tiene una preocupación excesiva por el orden; todo debe seguir
un programa preconcebido, esencialmente circunstanciado. Ya en la parodia, encontraríamos al
coleccionista o al avaro. El inconsciente, plagado de ideas violentas y sádicas, ha tenido que
sucumbir frente al programa super-estructurado de la limpieza infantil y de la educación de los
esfínteres. Lo «sucio» sólo puede tener lugar en la fantasía, para lo cual debe fabricar
organizaciones compensadoras: el estricto control de la fase anal. Cuando no dominan éstas,
lo hacen los impulsos sádicos, manifestando las típicas reacciones de compasión y
sentimientos de culpa, o bien la indecisión, la duda o la desconfianza.
e) carácter masoquista: publicado bajo este mismo nombre en 1932, en el Internat.
Zeitschr. f. Psychoanalyse, representa la primera refutación clínica a la teoría freudiana del
instinto de muerte, y aunque Freud accediera a publicarlo en su revista, sería a condición de
añadir una nota explicando que Wilhelm Reich había escrito este artículo contra el instinto de
muerte «al servicio» del partido comunista. Los psicoanalistas berlineses se opusieron, pero
finalmente tuvieron que ceder, apareciendo publicado conjuntamente con una réplica a cargo
de Bernfeld.
Freud había ya explicado en un trabajo previo, «El problema económico del masoquismo», que
éste era esencialmente «primario» y que la tendencia a sufrir era la manifestación compulsiva
del instinto de muerte. Sin embargo, admitió que su hipótesis estaba fuera de toda experiencia
clínica. Reich, que había tratado a un paciente con perversiones masoquistas durante los
últimos tres años, terminó el análisis en 1931, con bastante buen resultado, y atribuyó esto a
que había interpretado cada rasgo masoquista por su contrario: el sadismo, el deseo reprimido
de hacer daño. Dicho artículo no fue, de hecho, nada optimista por lo que respectaba al
pronóstico, a pesar del brillante trabajo del análisis, por lo que ocasionó más de una
controversia. Los supuestos de Sadger de un masoquismo erógeno, o la polémica de Alexander
en la que la necesidad de castigo y el sufrimiento intentaban explicar la conversión del
displacer en placer, no satisfacieron a Reich, quien discutió el problema partiendo, no de la
perversión masoquista como era usual, sino de una base caracterológica. «Los rasgos típicos
del carácter masoquista -que, como señala Reich, se encuentran en todos los caracteres
neuróticos son, subjetivamente, una sensación crónica de sufrimiento, que se presenta
objetivamente como una tendencia a quejarse; una tendencia constante a perjudicarse y a
menospreciarse («masoquismo moral»), y una compulsión a torturar a los demás, que hace
sufrir al paciente no menos que al objeto. Todos los caracteres masoquistas tienen un
comportamiento torpe, forzado, en sus relaciones con los demás, tan pronunciado a menudo
que da la impresión de deficiencia mental. Pueden existir otros rasgos, pero éstos son los
típicos y específicos».

La plaga emocional
La primera edición del Análisis del carácter (Charakteranalyse: Technik und Grundlagen),
aparece en 1933 en Viena; los españoles hemos tenido que esperar hasta 1957 para disponer

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