Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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Reich pasa a describir seguidamente el aspecto económico-libidinal así como las diferencias
cuantitativas y cualitativas entre estos dos caracteres. El carácter genital, (C.G.) en el cual
existen medios disponibles para ligar la angustia como son la satisfacción orgásmica genital o
la sublimación, oscila entre la tensión libidinal y la satisfacción adecuada. No así el carácter
neurótico (C.N.) que utiliza medios inadecuados tales como la satisfacción pregenital o las
formaciones reacticas. Por lo que respecta a la estructura del ello, en el C.G., «el complejo de
Edipo no tiene una existencia actual, no está reprimido, sino libre de catexis. Las tendencias
pregenitales, tales como analidad, erotismo oral, voyeurismo, etcétera, no se hallan reprimidas
sino que están en parte ancladas en sublimaciones culturales y en parte gratificadas
directamente en actos placenteros; como quiera que sea están subordinadas por la
genitalidad». En la estructura del super-yo, el C.G. afirma el sexo. No existen prohibiciones
sexuales ni sadismo. En cambio, en el C.N., el super-yo es hostil a la sexualidad y está en
conflicto permanente con el ello. Tanto el complejo de Edipo como la prohibición del incesto
perturban todo tipo de relación sexual. Los impulsos sádicos, como resultante de la represión
sexual y de la estasis libidinal, toman la forma de una moralidad brutal. En cuanto a la
estructura del yo, en el C.G., éste se ocupa de la libido genital así como de las tendencias pregenitales, sin sentimientos de culpa, ya que al estar las demandas instintivas satisfechas por
las descargas orgásmicas, el ello está esencialmente satisfecho, y el super-yo sádico no exige
ninguna presión sobre el yo.
Es precisamente en este punto donde la teoría reichiana de la homosexualidad ha sido más
combatida, no por los «ortodoxos», sino por los movimientos de liberación «gay». Pero tengo
la impresión de que a tal afán combativo le ha faltado, por otro lado, una verdadera lectura del
texto reichiano.
Una tendencia homosexual, por ejemplo, tendrá escasa significación si al mismo tiempo se
satisface la heterosexualidad; tendrá importancia, en cambio, si existe al mismo tiempo una
estasis de la libido. Esto es fácil de comprender desde el punto de vista económico: en la
gratificación heterosexual -a condición de no estar reprimida la homosexualidad; a condición,
en otras palabras, de no estar excluida del sistema de comunicación de la libido- se extrae
energía también de los impulsos homosexuales... Como el carácter genital no es rígido ni duro
en ningún aspecto, encontramos lo mismo en las formas de su sexualidad. Por ser capaz de
gratificación, es capaz de monogamia sin compulsión o represión; por otra parte, si se dan
fundamentos racionales, también es capaz, sin sufrir daño por ello, de un cambio de objeto o
de poligamia. No se aferra a su objeto sexual por sentimientos de culpa o por razones
morales; mantiene una relación sexual sólo porque la pareja sexual le brinda placer.
La sociabilidad del carácter genital no se basa en la agresión reprimida sino en la sublimada,
puesto que la primacía de las ideas es inconcebible sin la primacía de los genitales: cuanto más
hago el amor más cerca estoy de la revolución. En el carácter neurótico, que como hemos
dicho es esencialmente anal y sádico, el «yo», bloqueado afectivamente, se encuentra
acorazado entre el placer y el displacer; por otra parte, el pensamiento racionalizado y estereotipado se convierte aquí en las clásicas «ideas fijas».
Las implicaciones sociales de estos hallazgos, es decir, la relación existente entre las
estructuras psico-sexuales de los individuos y las estructuras socio-políticas eran bien
evidentes; por lo que no le fue nada fácil al joven psicoanalista seguir manteniendo las
relaciones intelectuales con sus colegas vieneses portavoces de la moralidad tradicional. Los
bien intencionados psicoanalistas vieneses basaban su éxito en ésta, con sus contratos legales
y sus conceptos de obediencia y eficiencia. Reich, al profundizar en estas interrelaciones (lo
individual y lo político) se vio envuelto de lleno en las complejidades así como en las
diferencias de las diferentes estructuras caracterológicas, que en una primera descripción
incluyó las siguientes:
a) carácter fálico-narcisista: esencialmente controlado, agresivo, provocativo y seguro
de sí mismo, se anticipa, por lo general, a cualquier ataque, atacando primero. La típica madre
«masculina» induce a su hijo a reprimir los impulsos tiernos que éste siente hacia ella al
comienzo de la niñez, por lo que provoca, a la larga, las típicas actitudes vengativas hacia las
mujeres, o la dificultad de contacto afectivo con los hombres. Si bien son potentes erectivamente, son impotentes orgásmicamente y sus relaciones sexuales están pervertidas
precisamente por este desprecio hacia el sexo femenino. El pene o el clítoris no están al

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