Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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psicoanálisis individual podría ganarse aliados poderosos. Pero no es creíble que podamos gozar,
en un futuro previsible, de estas facilidades para nuestro trabajo.

2. El nacimiento del análisis del carácter
El seminario vienés
«Actualmente nos encontramos en la situación de que el psicoanálisis no dispone de una
simple y sistemática teoría del carácter», fue la conclusión a la que llegó Reich después de
asistir al congreso psicoanalítico de Berlín, celebrado en esta ciudad la última semana de
septiembre de 1922, y en el que Freud introdujo, por primera vez, los conceptos del Yo y el
Ello. Lo que más preocupaba al ambiente psicoanalítico era la evidencia de que algunos
pacientes no mejoraban durante el tratamiento, a pesar de todos los esfuerzos que hacía el
analista; los pacientes quedaban anclados en .las redes de sus neurosis y en sus deseos
masoquistas de «sufrir»: lo que Freud había denominado reacción terapéutica negativa. Por
otra parte se pensaba en una fuerza psíquica inconsciente, llamada por entonces «instinto de
muerte» y que se oponía tenazmente a la curación.
Al final de dicho congreso, Freud intentó contentar a todos y buscó una solución al problema
de la relación entre la teoría analítica y la técnica terapéutica. De todos era sabido que la
piedra fundacional -incuestionable- sobre la cual descansaba toda la estructura del psicoanálisis era la «doctrina de la represión». Por otra parte, desde la técnica de la concentración
hipnótica -que sirviera a Freud para el análisis de los síntomas histéricos- hasta el moderno (y
actual) principio de la «asociación libre» (mucho más seguro y menos fatigante porque
permitía controlar las reacciones de los pacientes) todo eran cuestiones prácticas a ser
resueltas: encontrar una mejor metodología para enfrentarse al fenómeno más importante en
psicoanálisis: la transferencia. Esta consistía en una actitud emocional intensa (sexual, hostil,
agresiva, etc.) que la figura del analista evocaba en el paciente. Reich, que intuía la presencia
de un vasto territorio para ser explorado, propuso la formación de un «seminario técnico» que
sirviera tanto para profundizar en los problemas terapéuticos, como para investigar, en el
material de las sesiones clínicas, los casos más difíciles. El recién creado «Seminario vienés de
terapia psicoanalítica» tuvo que pasar por tres etapas diferentes, probablemente influenciadas
por la personalidad y entrega de cada uno de los directores responsables: Edward Hitschmann,
que desempeñaba también el cargo de director de la policlínica; Nunberg que lo dirigió hasta
1924 y Reich, desde 1924 hasta 1930, que fue cuando se marchó a Berlín en busca de sus
amigos «marxistas».
Reich, con veintisiete años, líder reconocido de la joven generación psicoanalítica, era cada
vez más consciente de que el psicoanálisis dejaba de ser un tratamiento sintomático para
convertirse más y más en una terapia del carácter. «La neurosis es ante todo una neurosis
caracterial» escribió en su libro El carácter impulsivo (Der Triebhafte Charakter), del que más
tarde hablaremos. En realidad, Reich había ya tratado varios casos en los que, a pesar de
haber llegado al núcleo neurótico (la primitiva escena traumática del coito de los padres),
seguían persistiendo los síntomas. En uno de estos, un joven camarero que padecía de una
ausencia total de erección, había descubierto que el síntoma era debido a un complejo de
castración, pero a pesar de interpretarlo correctamente, la impotencia persistía. Al darle de
alta porque no podía hacer nada más por él, el paciente, en vez de negarse, aceptó
«estoicamente» (masoquísticamente) la pérdida de toda esperanza para la relación sexual.
Esta simple anécdota no pasó desapercibida a Reich; al contrario, vio en esta aceptación
pasiva la resistencia «caracterial», es decir, la sumisión o el rechazo a no querer curarse y
persistir así con su impotencia.
La situación del seminario técnico que se reunía cada quince días era bastante confusa,
hasta que Reich introdujo la idea de que no era tanto la «transferencia positiva», es decir, la
actitud de entrega y cooperación entre el analista y el paciente, la que intervendría en el
proceso de curación o que cuando más profundo fuera el análisis más fuertes serían las
resistencias, sino que había que pensar en una auto-crítica de los diferentes modelos de
resistencia que iban apareciendo día a día a lo largo de la relación terapéutica. Las resistencias
que aparecían en la transferencia eran debidas a una «hostilidad latente» hacia la persona del

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