Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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local o excitabilidad genital, b) la libido somática centrada en el aparato genital y c) la libido
psico-genital o deseo genital.
Reich se refiere luego al onanismo clitoridiano y al deseo del pene y encuentra que en el tipo
obsesivo-masculino, la masturbación del clítoris se acompaña de fantasías sádicas y homosexuales activas, mientras que en el tipo histérico-femenino va a la par con representaciones
heterosexuales y a menudo masoquistas de coito. En el capítulo siguiente que trata de las
relaciones entre el instinto de destrucción y la angustia, llega a la conclusión de que la
frustración de la satisfacción sexual hace emerger la agresividad y que la combinación de
deseo de venganza y la prohibición de la pulsión sexual engendra la tendencia a la destrucción
y al sadismo.
Quizá el capítulo más interesante del libro sea el que trata de la significación social de las
tendencias genitales:
Consideramos que la moral sexual actual está sostenida por la burguesía tradicional y la
burguesía capitalista. Se encuentran en ella elementos que son completamente análogos a la
ideología neurótica obsesiva: 1) la relación sexual extraconyugal se considera en general como
bestial (sádica) y sucia (anal); 2) el ascetismo pre y extraconyugal está recomendado,
propaganda en la que los médicos son los primeros en contribuir; 3) la mas turbación es el mal
por excelencia; 4) las aspiraciones amorosas se encuentran escindidas... muchos neuróticos
manifiestan un gran desprecio por la mujer... Un agujero siempre es un agujero; 5) el rol del
erotismo en la sociedad masculina, es decir, la importancia de la homosexualidad para la
constitución del Estado masculino y de las asociaciones de hombres; 6) allí donde el amor genital
objetal no puede ejercerse, la necesidad de poder y la brutalidad hacen su aparición.

Reich analiza seguidamente las consecuencias para el matrimonio de la separación de la
sexualidad, llegando a considerar que el hombre que quiera «conquistar» y «poseer» llegará
mucho antes a la «indiferencia» una vez casado ya que: «la parte narcisista y sádica de la
genitalidad quedará insatisfecha». En el último apartado del libro acerca del sentido de la
realidad erótica sobre la vida social, en la cual la función del orgasmo ejerce una influencia
decisiva en las actividades culturales y sociales de los individuos, Reich se enfrenta
directamente con el concepto freudiano de sublimación y rechaza la antinomia sexualidad/trabajo. «El hombre sano, es decir, el hombre capaz de trabajo y de amor, aplica su
genitalidad esencialmente a fines sexuales, su pulsión destructora y sus tendencias
pregenitales a fines sociales y culturales. En los enfermos se produce lo contrario: sus acciones
sociales están sexualizadas y su pulsión destructora así como sus pulsiones pregenitales
dominan su vida amorosa».
Las sublimaciones alterarían las energías libidinales modificadas por el orgasmo, y la
represión, lejos de favorecerlas, lo que haría sería desexualizar la libido. En la sublimación
intervendrían tres factores pulsionales: a) la agresividad destructora desviada de la
aniquilación del objeto (conciencia social, sentimientos comunitarios, etc.); b) las tendencias
pregenitales desviadas de los fines autoeróticos (interés cultural, por el dinero, ambición, etc.)
y c) interés genital no sublimado, que después de la descarga orgásmica, se alía a las
tendencias sublimadas. La sublimación y la satisfacción sexual no serían -según Reichopuestas; pero la sublimación y la actividad sexual insatisfactoria lo son, a causa de la
sexualización de las acciones sociales. El eslogan reichiano, contrariamente a aquellos que
predican la ascecis (Freud), es el de «reemplazar la divisa Civilización o Sensualidad por la de
Civilización en la Sensualidad».
Reich llega al término del libro afirmando que el fin de toda terapéutica psicoanalítica (que
no puede ser alcanzada sin medios educativos) «es la instauración de la aptitud para el trabajo
y el amor». La solución que esboza en el último párrafo del libro, que por cierto está teñido de
un sentido del humor típicamente reichiano (al referirse, por ejemplo, al estereotipo de que
para curar a una mujer histérica lo que el médico debe hacer es recomendarle que haga el
amor), es netamente socio-económico y pesimista por lo que respecta a la eficacia de la
terapéutica analítica:
Queda todavía la esperanza de eliminar los prejuicios sociales concernientes a la sexualidad. Por
esos dos caminos, la organoterapia y la difusión en el pueblo de una educación sexual no ética
pero científicamente fundada, que reaccionaría también sobre la educación y la ciencia, el

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