Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf


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Pero es también en Materialismo dialéctico y psicoanálisis que Reich desarrolla sus primeros
argumentos contra la noción de pulsión de muerte y las hipótesis formuladas por Freud a
propósito de este tema en Más allá del principio del placer. Escribe por ejemplo:
Según el propio Freud, el «instinto de muerte» es una hipótesis extra-clínica; pero no es por azar
que haya sido plenamente aceptado, que se juegue con él y que haya abierto la puerta, en
psicoanálisis, a especulaciones inútiles. Para reaccionar contra la corriente idealista que ha
surgido en psicoanálisis contra la nueva teoría de los instintos, he intentado concebir el instinto
de destrucción como dependiente de la libido, o sea incluirlo en la teoría materialista de la libido.
Esta tentativa se basa sobre la observación clínica de que las disposiciones hostiles de un
individuo y sus sentimientos de culpabilidad dependen, por lo menos en lo que concierne a su
intensidad, del estado de su libido, la insatisfacción sexual aumenta la agresividad, la satisfacción
la disminuye.
Según esta concepción -concluye Reich- el instinto de destrucción es psicológicamente una
reacción a la falta de satisfacción sexual y su base material es el des plazamiento de la excitación
libidinal hacia el sistema muscular. Pero es innegable que el instinto agresivo es igualmente un
instrumento del instinto de nutrición y se refuerza particularmente cuando el deseo de alimento
no es suficientemente satisfecho. En nuestra opinión, el instinto de destrucción es una formación
secundaria y tardía del organismo, determinada por las condiciones en las que el instinto de
nutrición y la sexualidad son satisfechas.

De una manera global, en Materialismo dialéctico y psicoanálisis, Reich reacciona contra
todas las tendencias del freudismo de reducir la importancia de la sexualidad y de presentar la
educación y la sociedad represiva como necesidades de la civilización; no se resigna y critica
también el «principio de realidad» y, más precisamente, la interpretación reaccionaria que de
él hacen Freud y el psicoanálisis ortodoxo, legitimando de alguna manera el fundamento
represivo de nuestras sociedades «civilizadas»:
Todo está fundado sobre las condiciones económicas: La clase dominante posee un principio de la
realidad que sirve a la conservación de su predominancia. Inculcar este principio al proletariado,
hacérselo admitir como absolutamente válido en nombre de la cultura, equivale a hacer suscribir
al proletariado su propia frustración, y a hacerle aceptar la sociedad capitalista. Hace falta ver
claramente que el principio de realidad, tal como es concebido hoy en día por numerosos
psicoanalistas, corresponde a una actitud conservadora (aunque inconsciente) y se encuentra
pues en contradicción con el carácter objetivamente revolucionario del psicoanálisis. El principio
de realidad tenía en su origen otro contenido. Este será modificado en la medida en que lo será el
orden social.

Problema social también, tal como Reich estima, la teoría freudiana del inconsciente y de la
represión de los instintos, tomado en su sentido original, no alterado por las degeneraciones
reaccionarias ulteriores. Pues la ideología social actúa sobre los individuos, principalmente por
intermedio de la familia, a través de la cual, pretende Reich, las estructuras económicas
intervienen hasta en la relación edípica. Pero nos extenderemos más tarde sobre el rol de esta
«célula ideológica fundamental».

Sexualidad y política
Es así, en Materialismo dialéctico y psicoanálisis, que Reich desarrolla su «dialéctica del
psiquismo» y muestra cómo, por ejemplo, el placer se transforma en displacer por el juego de
la represión -o el simple ahogamiento- de las pulsiones instintivas: si una excitación no
consigue llegar a la satisfacción final, se convierte en fuente de dolor. Aquí interviene la
dialéctica de la tensión y la distensión que conducirá a Reich a su famosa teoría del orgasmo,
centrada, como ya hemos señalado, sobre el ciclo contracción-expansión de la materia
viviente.
Reich estima pues en esta época que el psicoanálisis, en tanto que terapia y profilaxis de las
neurosis, está «condenado a permanecer socialmente ineficaz en la sociedad burguesa»; no
puede jugar su papel sino en el socialismo. Y por «socialismo» entiende una sociedad de
economía colectivizada, el modelo aceptado de la cual sería, según le parecía entonces, la
Unión Soviética. Por otra parte se siente reticente a desembarazarse de esta fidelidad
filosoviética. El la acentúa más todavía con un compromiso militante más intenso que le hace

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