Sección Libre El orÃgen de las ideas sobre la divinidad .pdf

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SECCIÓN LIBRE
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ORIGEN DE LAS IDEAS SOBRE LA DIVINIDAD
El mal es necesario al hombre; sin el mal, no conocería si í)ien, no juzgaría de
nada, no tendría elección, ni voluntad, ni pasión, ni deseos; carecería de motivos para
amar y temer; sería un autómata; en una palabra, no sería un hombre.
El mal que ve en el mundo es el que le ha hecho pensar en la divinidad. Una
multitud de males, accidentes, enfermedades, desastres, estremecimientos de nuestro
globo, alteraciones, inundaciones é incendios excitaron los temores de los hombres.
¿Qué ideas pudieron formarse de las causas irresistibles que producían efectos tan
extensos? No calcularon que la Naturaleza fuese el autor del desorden qne ella misma
experimentaba, y entonces fué cuando no viendo sobre la tierra agentes bastante
poderosos para operar estos efectos, levantaron los ojos al cielo, donde supusieron que
residían los agentes desconocidos, cuya enemistad destruía aquí abajo su felicidad.
La idea de estos agentes tan poderosos estuvo siempre asociada á la del terror.
- Nunca juzgamos de los objetos que ignoramos, sino por los que conocemos. El
hombre, pues, mirándose á sí mismo, dio una voluntad, inteligencia, designios, proyectos, pasiones, etc., á toda causa desconocida que sintió obrar en él. Como él se
encontró sensible á las sumisiones y á los presentes, empleó estos mismos medios para
ganar la divinidad.
El cuidado de las ofrendas se confió á los ancianos, y éstos lo hacían con gran
aparato; esto se conservó, y después se hizo costumbre. De este modo se formó el culto
y el sacerdocio.
Estos sistemas han sido modificados por el espíritu humano, cuya esencia es trabajar incesantemente sobre loa objetos desconocidos, á los que regularmente principia
por darles una importancia muy grande, y que no se atreve después á examinar á
sangre fría.
Por una consecuencia de estas ideas, la Naturaleza se halló despojada de todo poder . El hombre no pudo concebir cómo esta Naturaleza le hacia sufrir si no estuviese
movida por una potencia enemiga de su felicidad, que tuviera razón para añigirlo y
castigarlo.
ii
DE LA MITOLOGÍA Y DE LA TEOLOGÍA
Las primeras adoraciones de los hombres se tributaron á la Naturaleza; no se les
habló de ella sino por alegorías, y se personificaron todas sus partes. Esto originó un
Saturno, un Júpiter, un Apolo, etc. El vulgo no adivinó que lo que se había sobrecargado de alegorías no era más que la Naturaleza, sus partes y sus operaciones. No
pasó mucho tiempo sin que se desconociese el origen de donde se habían tomado
estos dioses. Se hizo de su energía un ser incomprensible, que se llamó el motor de la
