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apresura a refutar a Filmer, como portavoz de la política conservadora, y dedica a ese
tema la totalidad del Primer tratado.
El sistema de Filmer –escribe Locke- descansa en dos premisas: "Todo gobierno es
monarquía absoluta" y "ningún hombre nace libre". Ninguna de ambas tesis puede, según
nuestro filósofo, ser fundamentada ni por la Escritura ni por la razón. Filmer mal interpreta
el génesis al entender que Dios creó a Adán y le dio la soberanía sobre Eva y, por
deducción, sobre todas las criaturas. Locke refuta tales creencias apresuradas e
injustificadas. No hay pruebas ni conexión coherente entre el texto bíblico y las
afirmaciones que hacen de Adán el rey de la creación, que le da el poder sobre todas las
criaturas y le hace soberano de una descencia aún inexistente. No hay base en las
Escrituras para suponer una sanción divina del dominio de Adán sobre la mujer. Todo lo
contrario, el Génesis dice que "Dios les bendijo y les dijo: "dominad a todos los seres".
Ambos, varones y mujeres, recibieron así el mismo mandato divino. ¿Con qué derecho se
puede proclamar la soberanía del hombre sobre la mujer?. Como veremos más adelante
Locke anticipa alguna de las ideas que van a ser ampliamente tematizadas por las
mujeres que suscriben el texto de la declaración de Seneca Falls.
Esta idea de naturaleza en la que los seres humanos nacen libres e iguales será también
punto de partida del pensamiento de Rousseau. Pero el filósofo ginebrino atribuye
naturalezas distintas a varones y mujeres cuyo origen se encuentra en estadios
diferenciados del Estado de Naturaleza. Emilio es el producto del estado de pura
naturaleza, siendo sus principios reguladores de la acción la libertad y la igualdad que
representa la subjetividad del modelo político. Sofía es producto del estadio presocial. Es
el ámbito de la domesticidad, Sofía aprende las técnicas de regulación de sus deseos. El
espacio público, en tanto espacio de la libertad y de la autonomía moral, no puede existir
sin el espacio privado, en cuanto lugar de reproducción de lo público y de sujeción de las
mujeres mediante el contrato de matrimonio. La primacía del varón va acompañada de la
necesidad de que Sofía aprenda a padecer y a soportar la injusticia y los agravios del
marido: "Formada para obedecer a un ser tan imperfecto como el hombre, con frecuencia
tan lleno de vicios y siempre tan lleno de defectos, debe aprender con anticipación a sufrir
incluso la injusticia y a soportar las sinrazones de un marido sin quejarse". El estado de
naturaleza masculino se constituirá en soporte del espacio público y el femenino en
fundamento del privado. Las diferencias sociales entre varones y mujeres se deben a sus
distintas formas de subjetividad que a su vez están ancladas en diferencias sexuales.
Emilio ha de recibir una educación para la autonomía moral y Sofía una educación
orientada a la dependencia y la sujeción a Emilio. La diferencia entre Emilio y Sofía es la
diferencia entre libertad y sujeción.
Es a la también ilustrada Mary Wolstonecraft a quien corresponde la crítica de los
planteamientos roussonianos en su libro "Vindicación de los derechos de la mujer" que
serviría de guía para el feminismo posterior. Así para la autora inglesa, Sofía no
representa a las mujeres, antes bien es un ideal de mujer que habita en el imaginario
masculino. Es un artificio producto de una educación que consiste en hacer dependientes
a las mujeres y de ahí la mentalidad misógina concluye que esa dependencia es natural.
Mary Wolstonecraft toma el propio concepto roussoniano del estado de naturaleza para
desmontar las tesís misóginas de Rousseau: si la igualdad es el rasgo fundamental del
estado de naturaleza ¿por qué las mujeres deben estar socialmente sometidas al varón?.
Si ambos sexos tienen los mismos derechos naturales, ambos sexos deberán tener los
mismos derechos sociales.

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