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1848: EL MANIFIESTO DE "SENECA FALLS"
Alicia Miyares
En 1848 se celebró en Seneca Falls (Nueva York) la primera convención sobre los derechos de la
mujer en Estados Unidos. Organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton. El resultado fue
la publicación de la "Declaración de Seneca Falls" (o "Declaración de sentimientos", como ellas la
llamaron), un documento basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el
que denunciaban las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres:
no poder votar, ni presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse a
organizaciones políticas o asistir a reuniones políticas.

Si ponemos cara a la libertad, quizá entre muchas representaciones, nos venga a la
mente el cuadro de Delacroix "La libertad guiando al pueblo" que celebraba la revolución
de 1830 como un estallido social de libertad. La mujer que muestra la desnudez de su
pecho y camina entre los muertos enarbolando la bandera de la libertad es el reflejo de
una serie de convulsiones sociales que agitarían a Europa en los años de 1830 a 1848.
Revoluciones sociales imparables en las que se exigía el reconocimiento de la propiedad,
la libertad económica y laboral, la libertad de prensa y el sufragio como un derecho del
ciudadano y no como se venía entendiendo como una función relacionada con su
capacidad, determinada generalmente por la propiedad u otros requisitos.
Los ideales de libertad y de igualdad encontraban su expresión plástica a través de las
mujeres como símbolos de la pureza, inocencia y justicia de una petición de derechos
para los varones. Pero la imagen estetizada de las mujeres no alcanza a las de carne y
hueso, éstas seguían siendo consideradas un todo indiferenciado sometido a la reacción y
a la tradición de las costumbres que se instaló en Europa después de la Revolución
francesa. Así es como quedó glorificada para la historia, la fecha de 1848 como
nacimiento del "Manifiesto Comunistra" de Marx y Engels, y enterrada para la historia la
fecha de 1848 como nacimiento del primer movimiento feminista organizado en América.
La revolución social de 1848 y su precedente la de 1830, si bien estaban abocadas al
fracaso, supusieron las reacciones sociales más firmes al absolutismo del poder. Tanto en
1830 como en 1848 las exigencias y derechos que provocaron los fenómenos
revolucionarios marcaron el acontecer político posterior: libertad, derecho a la propiedad,
sufragio. Europa, en los años transcurridos entre las dos revoluciones burguesas, fue
testigo de la eliminación gradual o total de las barreras legales que privaban a los
campesinos o siervos de diversos derechos, incluyendo el derecho a tener propiedades,
ejercer ciertas profesiones o disponer de sus personas libremente. Las revoluciones
burguesas fueron revoluciones sociales confirmando como evidentes e indiscutibles
ciertos derechos, que podríamos resumir en el derecho a la libertad. Este ideal de libertad
es el fermento de las vindicaciones feministas, pues el reconocimiento de propiedad para
campesinos, siervos y judíos pone de manifiesto la indefensión legal en la que se hallan
las mujeres. Las revoluciones sociales confirmaron que el derecho a la propiedad era la
principal fórmula para alcanzar la independencia.
En América el derecho de propiedad se tradujo en la reivindicación de libertad para los
esclavos. A partir de la década de los treinta se formaron, de manera masiva y

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