seneca falls.pdf

Vista previa de texto
hacen gala de una voluntad dominadora e hipócrita que, con su apelación constante a los
buenos sentimientos, silencian la miseria social de una sociedad convulsionada por una
rápida industrialización, amén de retener e impedir los discursos igualitarios. Se puede
decir que bajo la bondad natural del "varón honesto" se esconde el prejuicio desalmado
hacia las clases inferiores, que tras la máscara de afabilidad surge la carnal brutalidad del
trato a la esposa: lo mismo que canallla y tirano en el hogar se nos presenta en público
como un hipócrita hombre de honor. Hay un espacio en donde el varón podía mostrar la
falta de armonía entre lo que proclamaba como bueno y lo que quería como máquina
deseante, sin verse expuesto a la reprobación social: ese espacio es el hogar. De esta
manera el varón concibe la casa familiar y a la propia esposa como el reposo del
guerrero. Sus correrías son justificadas, o bien por atribuciones físicas, como su
imperdurable juventud frente a la temprana vejez de la esposa, o bien por la espiritualidad
de llevar "en sí los restos de un poeta" y como tal verse en el "deber" de cumplimentar a
la belleza manifiesta.
"El tiempo todo lo resuelve" es el salmo que se le escapa al burgués honesto cuando es
pillado en su lozana madurez o reconvenido por sus desmesurados sentimientos
estéticos. Es el salmo que arreglará la crisis iniciada en su hogar, pues la conveniencia
social no pondrá en entredicho al esteta maduro, sino que intentará acallar las quejas de
la esposa.
En este sentido es interesante el papel que otorga la novelística del siglo XIX al burgués
honesto que ocupa su tiempo en semejantes lides, siempre se presenta al personaje
como secundario, como si fuera –como de hecho era- un lugar común que no fuera a
despertar el mayor interés de los lectores. Es de nuevo este discurso, el novelado, el que
resulta ser el más fiel reflejo de la época. El hecho de que los protagonistas de las
grandes novelas del siglo pasado fueran mujeres no representa ningún síntoma de
intentar el quebradizo camino de la igualdad, antes bien los personajes femeninos son
más ricos en el sentido de que hacen gala de unas pasiones inconvenientes para el sexo
que representan. Detrás de este protagonismo había el interés morboso y moralizante del
cómo iba a acabar aquella historia. Oigamos sino a Enma Bovary: "Un hombre, al menos,
es libre; puede recorrer las pasiones y los países, atravesar obstáculos, gustar los
placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado. Fuerte y
flexible a la vez, tiene en contra de sí las molicies de la carne con las dependencias de la
ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto a un cordón, palpita a todos los
vientos; siempre hay algún deseo que arrastra, pero alguna conveniencia social que
retiene".
Se podría interpretar optimistamente este pasaje si no fuera porque a la protagonista y a
todas las demás: Anna Karennina, Ana Ozores, Gervaise, Nana, etc. sólo les espera
como final de sus pasiones la muerte más ignominiosa y la vergüenza social más
absoluta. "El tiempo todo lo resuelve" es un lema que para ellas no sirve, sólo les queda el
arsénico, los raíles de un tren, un sapo viscoso, un nicho en las escaleras de una casa
desvencijada, o la belleza picada de viruela. No hay un a conjura de la sociedad que
guarde sus pasiones en el silencio, hay solamente la ley moral del "varón honesto" que
castiga los buenos sentimientos incumplidos. En último extremo un ángel de aceradas
cuerdas que comenzaba a ser enjuiciado por el movimiento de emancipación de las
mujeres.
11
