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del empleo donde el trabajo informal alcanzó el 48.5% y la suma entre desocupados e
informales llegó al 70%.
A su vez, durante el segundo tramo de los últimos 24 años (de 2003 al 2015), se
reestatizó el sistema previsional, se crearon nuevas prestaciones que impactan en diferentes
áreas de política económica y social, ampliando el alcance de la protección social en la
Argentina 20 . La aplicación de estas iniciativas permitieron que la cobertura previsional
alcanzara el record histórico del 98% de los hombres a los 65 años de edad y de las mujeres a
los 60 años de edad, el desempleo disminuyó hasta el 6,6% mientras que la informalidad
laboral disminuyó al 31,9%.
Hoy en día, en el marco de la campaña electoral para la elección de presidente en
octubre de 2015, los medios de comunicación dan a conocer con insistencia frases hechas
respecto de que se mantendrán los beneficios sociales conquistados en este periodo por
quienes, hasta no hace mucho tiempo atrás, pensaban y manifestaban que eran perjudiciales
para la economía del país. Cabe señalar que la población ha incorporado con agrado a su vida
diaria el conjunto de beneficios y conquistas sociales obtenidas a lo largo de los últimos años,
por lo que es impensable considerar que un candidato a presidente pueda llegar a serlo
expresando su voluntad de limitar o eliminar los mismos. Esta situación provoca que en todo
el espectro político los distintos candidatos a la presidencia coincidan en mantener en la
práctica las políticas sociales de inclusión, aunque su tradición ideológica indique lo contrario.
Por ello, aún cuando resulte sencillo para algunos dirigentes políticos desdecirse hoy
de lo planteado en el pasado y afirmar que se mantendrá, por ejemplo, la AUH, el planteo
resulta al menos, poco creíble, toda vez que aún cumpliendo la “palabra empeñada”
manteniendo la prestación, se puede limitar el acceso de nuevos beneficiarios incorporando
nuevos requisitos o limitando el alcance; o plantear mantener los beneficios previsionales a
aquellos que los obtuvieron por medio del Programa de Inclusión Social para luego incorporar
limitaciones que paulatinamente dejen fuera del sistema a millones de personas como ocurrió
en la década de los ’90, afirmando, sin embargo, que se cumple con la promesa electoral.
Por ello, el verdadero debate no consiste en afirmar si se mantendrá o no determinado
beneficio social, sino en identificar claramente cual es la concepción ideológica respecto del
impacto del “gasto” o de la “inversión” social en el proceso económico.
A lo largo de este trabajo se intento dejar en claro que:
Es falsa la afirmación que una inversión creciente en materia de seguridad social
implique, inexorablemente, el desfinanciamiento de las cuentas públicas. Si esa inversión se
realiza con prudencia e inteligencia, orientar los recursos de la sociedad hacia ese destino
puede transformarse en un factor de reactivación (ya que los ingresos percibidos por quienes
más necesitan las prestaciones sociales se vuelcan en su totalidad y rápidamente al consumo)
y por ende lograr que los recursos invertidos regresen al sistema de seguridad social (mayor
nivel de actividad y consumo tienen un efecto directo y positivo sobre la recaudación
impositiva), generan un circulo virtuoso por el cual es posible avizorar un futuro con
crecimiento y equidad.
20 Prestación Asignación Universal por Hijo, Programa Conectar Igualdad, Programa de Inclusión Jubilatoria, el plan
Progresar y el Procrear entre otros.
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