CARTA ABIERTA ABA A LA COMUNIDAD DE SAN ISIDRO.pdf


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una comunidad que siempre había mostrado vocación para participar democráticamente en la
definición del uso de los espacios públicos ribereños y se empleó la violencia para sofocar el
reclamo de personas que todo lo que pretendían era que se cumpliera con la ley.
La ASOCIACIÓN RIBERA NORTE (ARN), que había alertado sobre la tala del bosque y que
informó y concientizó a la comunidad sobre el valor ambiental de Bosque Alegre, fue echada
de la RESERVA NATURAL MUNICIPAL RIBERA NORTE cuyo manejo tenían a cargo en
virtud de un convenio firmado con la Municipalidad. Esto ocurrió meses después del día de la
tala y de la represión y al cabo de un proceso en el cual sus miembros fueron sometidos a una
sistemática hostilidad. Ese maltrato y esa ingratitud, desatados como venganza por haber
defendido la verdad y los derechos de una comunidad, fue el único pago que recibieron por
haber servido en la Reserva por varias décadas con desinterés, amor y profesionalismo.
A pesar de haberse obrado todo por la mano de la Municipalidad, estas consecuencias,
verdaderas derrotas de la comunidad, le pertenecen tanto al C.A.S.I. que bien podría éste
colocarlas junto a los trofeos que testimonian sus éxitos deportivos. En las pocas ocasiones en
que abandonaron la protección municipal para alzar la voz por sí mismos no dejaron de
ampararse en sus más de cien años de historia. Con toda seguridad, esa historia centenaria
debe albergar el fruto del esfuerzo honesto de varias generaciones a las que mejor se hubiera
homenajeado permitiéndoles reposar en las vitrinas de la institución que blandiéndolas junto a
tan poco lucido comportamiento. Bajo las actuales circunstancias, merecerían al menos el
silencio como reconocimiento.
¿Cuál es el sitio que el C.A.S.I. aspira a ocupar dentro de nuestra comunidad cuando expresa
su voluntad de reafirmar su pertenencia a este lugar? Se ha mostrado como un vecino desleal y
prepotente, dispuesto a mandar a golpear y ha mostrado tener la capacidad para hacerlo
efectivo.

Las autoridades municipales no pudieron manchar más la imagen institucional del Estado en la
gestión de este caso. Violaron la ley y practicaron la violencia para corregir los efectos de
haber violado la ley, pero aún así, tuvieron y tienen en la mentira a su herramienta más
poderosa. La usaron con prodigalidad en esos días de alta exposición en que acometieron
simultáneamente la represión y la tala del bosque, valiéndose de volantes adheridos al
impuesto municipal, comunicados de prensa reproducidos varias veces por muchos medios
locales que no revisaron críticamente lo que ayudaban a difundir o notas periodísticas de
concertada complacencia con el entrevistado, siempre empleando los recursos que les
proporcionaba hallarse en el ejercicio del poder público y con el objetivo de distorsionar
acontecimientos cuya desmentida puede hacerse por contraste con documentos fehacientes y a
veces con lo que ocurrió o se encuentra a la vista de todos.
La publicidad gráfica que vemos estos días donde un personaje anónimo anuncia: “VOY A
PLANTAR UN ÁRBOL”, ganó la calle a poco de haber recibido la Municipalidad la primera