CARTA ABIERTA ABA A LA COMUNIDAD DE SAN ISIDRO.pdf


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contrarias a la concepción de una costa pública y natural de modo que la preserve de aquellos
intereses que pudieran afectar su desarrollo armónico y racional. Se estableció, en tal sentido,
que debería promoverse el esparcimiento dentro del Parque, priorizando la contemplación, las
caminatas, la observación de pájaros y el reconocimiento de la flora y se reservaba para
Bosque Alegre la función de refugio de vida silvestre.
Luego, diversos foros y encuentros testimonian la vocación participativa de nuestra
comunidad en lo que respecta al debate referido al destino de los espacios ribereños. En 1997
se celebró el “Congreso Vecinal San Isidro ¿Qué ribera quiere?”, organizado por la propia
Municipalidad de San Isidro; en 1998 el “Foro Ciudad y Río – Uso Sustentable de la Ribera
Metropolitana” organizado por la Fundación Ciudad; en 2001 el Foro “Uso Sustentable de la
Ribera Metropolitana Norte” organizado por la Fundación Ciudad y en 2005 el encuentro
titulado “San Isidro y el Río. Jornadas de Evaluación y Propuestas” organizadas por la
Asociación San Isidro Sustentable (ASIS) y la Fundación Ciudad.
En todos estos encuentros hubo un compacto pronunciamiento de la comunidad a favor de una
costa pública y natural. Todo esto permite imaginar cuál hubiera sido el abordaje que se
hubiera dado al proyecto del C.A.S.I. si se hubiera realizado la audiencia pública que exige la
ley.

A pesar de todo lo ocurrido, la tala de Bosque Alegre y la represión habían coincidido
cronológicamente con la suspensión del convenio que cedía estas tierras al C.A.S.I., una
medida de relativa efectividad que la autoridad municipal tomaba con el fin de correr al club
del centro de la conflictividad hasta que todo se calmase. Con todo, entre tanta arbitrariedad y
atropello, esto mostraba que al menos se había podido lograr un repliegue de su posición. Pero
meses más tarde, un decreto del Intendente rescindió la parte del acuerdo que vinculaba al
C.A.S.I. con Bosque Alegre, en lo que parecía mostrar una declinación definitiva de las
pretensiones del Club sobre este lugar.
De todos modos, llamaba poderosamente la atención que el C.A.S.I. hubiera aceptado con tal
mansedumbre una medida como ésta que entrañaba una pérdida considerable de algo que
eventualmente hubiera podido reclamar como un derecho adquirido. De manera que sus
movimientos en la retirada de Bosque Alegre se mostraban igualmente sinuosos y oscuros que
cuando había obtenido la cesión del predio, una circunstancia que, sumada a la experiencia
vivida en el curso del conflicto, se corporizó en una actitud de cautela de nuestro lado que el
tiempo demostró justificada y prudente pues, no mucho tiempo después, el C.A.S.I. volvía a
Bosque Alegre.
En efecto, actualmente y durante los fines de semana, el club ocupa la parte talada y rellenada
del bosque para sus prácticas de rugby infantil y en los momentos en que no usa el predio, hay
apostado allí personal de seguridad privada con perros para impedir que cualquiera pueda
ingresar a este lugar.