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¿POR QUÉ PENSAR?
Coordinador: Leôncio Martins Rodrigues (Unicamp/Cedec)
Expositores: Boaventura de Sousa Santos (Universidade de Coimbra)
Gildo Marçal Brandão (USP)
Luiz Jorge Werneck Vianna (Iuperj)
Revista LUA NOVA Nº 54 — 2001
(traducción libre: Ruth del Valle Cóbar)
SEIS RAZONES PARA PENSAR
BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
Es un placer enorme estar aquí, volver aquí y hacerlo en estas circunstancias de
la celebración de los 25 años del CEDEC, institución que me acostumbré a
respetar hace muchos años, a admirar, a seguir y a colaborar en la medida de lo
possível, en sus trabajos y su revista, una revista de resistencia, de creatividad,
de pensamiento crítico sobre Brasil. Por todas estas razones no podría faltar al
llamado que Amélia hizo y aquí estoy, con mucho gusto.
Tengo el decoro como profesor universitario de no pensar Brasil en medio de
colegas tan insignes, tan ilustres, que tanto admiro. Pero la cuestión que me
pusieron para este evento es una pregunta más amplia sobre las razones para
pensar sobre las sociedades contemporáneas. Es una pregunta realmente
importante porque es tremendamente simple formular la pregunta, aunque no
sea fácil responderla. Acostumbro decir que paradójicamente es en los períodos
de transición paradigmática que las preguntas simples tienen más sentido. La
complejidad de estos períodos reside precisamente en nuestra dificultad en
nombrarlos. Y porque no sabemos nombrarlos les llamamos períodos de
transición. Lo curioso es que la complejidad, para ser develada, tiene que ser
interpelada de manera simple. Creo que las preguntas simples son aquellas que,
por ser tan transparentes, permiten ver mejor cuál es la problemática dominante
de nuestro tiempo.
Mi ejemplo es siempre el de Rousseau, que a mediados del siglo XVIII colocó la
pregunta muy simple, muy importante a la altura en que la ciencia comenzaba a
ser el gran motor del desarrollo económico, político y cultural: la cuestión de
saber si la ciencia y la virtud tenían alguna cosa en común, si el desarrollo de la
ciencia contribuiría al bien de la sociedad y a la mejoría de las costumbres. Una
pregunta simple a la que él respondió con un rotundo no, como saben, después
de hacer, naturalmente, un discurso que le hizo ganar un premio.