Boaventura POR QUE PENSAR trad.pdf


Vista previa del archivo PDF boaventura-por-que-pensar-trad.pdf


Página 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

Vista previa de texto


organizaciones no gubernamentales, donde, al contrario de otros tiempos en que
la movilización, vista como la que caracterizó al movimiento obrero, tomó en
determinado momento una precedencia total sobre la lucidez –como si la
movilización tuviera razones que la razón desconocería– la reflexión sobre las
razones de la movilización es parte integrante de ella misma.
Estamos en una fase nueva, donde la movilización no dispensa la lucidez y donde,
realmente, para que las personas se movilicen para las luchas sociales tienen que
tener razones propias. Creo que en este momento es fundamental que se tome
nota de que en este período necesitamos un pensamiento que permita esa misma
lucidez para la acción y la movilización. Y aquí, en esta respuesta, la elaboración
que les propongo es la siguiente:
Para lograr eso se necesita crear constelaciones de sentido donde las tareas
intelectuales, las tareas políticas y las tareas morales de alguna manera
converjan. Esto es, naturalmente, una ruptura con el pensamiento de la
modernidad. La ruptura entre la búsqueda de la verdad y la búsqueda del bien
fue tal vez lo más fatídico que le sucedió a la ciencia moderna, porque buscar la
verdad separada de buscar el bien la llevó al reduccionismo: el reduccionismo
como desconocimiento activo de la complejidad en nombre del rigor de la
verdad. Ese desconocimiento activo de la complejidad se transformó en una
verdad en sí misma: el rigor de la verdad se transformó en la verdad del rigor, y
la verdad del rigor terminó por boicotear el rigor de la verdad.
Esa separación no fue buena ni para la moral y la ética y tampoco fue buena para
la ciencia. No es que no necesitemos el rigor, lo que no necesitamos es la
monocultura del rigor científico moderno. Necesitamos de una visión más amplia
del rigor. ¿Por qué? Precisamente porque en esta fase de transición es
peligrosísimo dividir la búsqueda de la verdad y la búsqueda del bien.
Entre paréntesis, notemos que la separación entre buscar la verdad y buscar el
bien tuvo históricamente una ventaja que es bueno analizar y discutir, porque
fue en base a ella que los intelectuales, al final del Ancien Regime, reivindicaron
para sí la tolerancia de los poderes seculares y religiosos: como eran neutros
podían ser tolerados. Pero tal vez por eso no somos aún semejantes al intelectual
del Renascimiento, tal como lo caracterizó un gran crítico literario cubano,
Retamar: una mezcla de siervo y mercenario, lúcido para ver la realidad, pero
totalmente cooptado o maniatado en las posibilidades de transformarla.
Tenemos que reivindicar la tolerancia, pero tenemos que reivindicarla por otra
vía. Porque son tres las preguntas que se nos hacen y ellas tienen que ser
respondidas de modo articulado.
Primero, dónde estamos y para dónde vamos es una cuestión fundamentalmente
intelectual, que podemos analizar con los elementos cognitivos que tenemos,
que la ciencia y otros conocimientos tienen a nuestra disposición.