Boaventura POR QUE PENSAR trad.pdf


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Esta hermenéutica de la emergencia obliga realmente a la ciencia a confrontarse
con conocimientos contrarios y ésa es una de las deficiencias de la universidad y
de nuestros centros de investigación: no sabemos incorporar otros conocimientos,
sino en momentos muy raros. Recuerdo en 1974, cuando fue la revolución de los
clavos en Portugal, trajimos campesinos de las cooperativas a dar clases con
nosotros sobre cooperativismo. Tan poco sabían ellos de cooperativismo como
nosotros, pero sabían mejor que nosotros por qué era importante crear
cooperativas. Era otra configuración de sentidos cognitivos, políticos e morales,
otra posibilidad de colaboración que después se desvaneció en la medida que
volvimos a ser universitarios e intelectuales y ellos, obviamente, campesinos
como siempre habían sido.
PENSAR NO ES TODO
La cuarta respuesta a la pregunta es: pensar no es todo, porque además de
actuar tenemos que sentir, que crear formas de pensamiento que sean más
acogedoras a las emociones, al cuerpo a los afectos, a los sentimientos. Esto
también es una gran dificultad para el conocimiento en el que fuimos formados.
Las acciones colectivas de transformación social tienen esa doble característica
de resistencia y de creatividad y ambas exigen involucramiento emocional,
entusiasmo e indignación. El odio mismo a veces es necesario, al mismo tiempo
que el amor y la solidaridad, o sea elementos de sensibilidad con los cuales la
modernidad occidental siempre se sintió mal.
Propongo para la reflexión que somos hechos de dos corrientes, la corriente fría
y la corriente caliente. La corriente fría es la corriente del conocimiento de los
obstáculos, de las condiciones de la transformación. La corriente caliente son las
posibilidades de la voluntad, de actuar, de transformar, de vencer los
obstáculos.
La corriente fría nos impide ser engañados; conociendo las condiciones no somos
engañados. La corriente caliente nos impide desilusionarnos fácilmente; la
voluntad del desafío sustenta el desafío de la voluntad.
Pero como todo, lo que es bueno tiene siempre su lado malo. El miedo exagerado
a ser engañados tiene un gran riesgo: transforma las condiciones en obstáculos
insalvables y, al hacerlo, nos conduce a la parálisis y ella al conformismo. El
miedo exagerado de no desilusionarnos crea una aversión total a todo lo que no
se palpa, no se ve inmediatamente. Por esta vía nos conduce a la aversión al
cambio y ella igualmente al conformismo.
En este contexto es necesario reflexionar sobre el papel del arte, porque el arte
es la pre aparición de las posibilidades utópicas, el arte es el laboratorio y la