LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FUTBOL MPERCOVICH.pdf

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Dr. MÁXIMO PERCOVICH
El 3 de abril de 1938 los alemanes montaron un espectáculo que se dio en
llamar El encuentro de los pueblos germánicos, un match de fútbol que enfrentó
a las selecciones nacionales de Austria y Alemania para celebrar simultáneamente el cierre de la era del Wunderteam y la incorporación de sus integrantes al
equipo de los ahora dueños de su patria. Sindelar aceptó tomar parte de aquella
“obra teatral” que obviamente estaba destinada a finalizar con la victoria enemiga, hecho éste que para Adolf Hitler significaría una prueba más de superioridad
sobre el resto de las naciones de Europa. Pero Sindelar tenía sus propios planes,
los que en el segundo tiempo lo llevaron a convertir un gol al que se sumó otro
logrado por su compañero Karl Sesta, quedando así decretado el último triunfo
de la breve pero gloriosa historia del Wunderteam. El enojo de los jerarcas nazis
había comenzado en los instantes previos al encuentro -cuando Sindelar se negó
a efectuar el tradicional saludo con el brazo derecho extendido ante el palco
oficial- y se exacerbó con el ruidoso festejo que ambos goleadores desplegaron
después de cada conquista.
En los siguientes meses Sindelar debió afrontar persecuciones que lo llevaron
a la necesidad de permanecer oculto para conservar su vida y su libertad, pero
finalmente su cadáver y el de su compañera - una italiana de origen judío llamada Camilla Castagnola que había abandonado su patria por causa de Mussolinifueron hallados el 23 de enero de 1939 en un apartamento de Viena. Por más que
el reporte oficial de las muertes indica que se trató de una inhalación accidental
del monóxido de carbono producido por una estufa, nunca se han descartado las
hipótesis de suicidio y asesinato. Las leyes alemanas de la época no autorizaban
funerales públicos para quienes se quitaban voluntariamente la vida, lo que lleva
a suponer que los discípulos de Hitler ocultaron la verdadera causa de los decesos para evitar el rechazo popular que generaría la no realización de unas
exequias a las que finalmente asistieron miles de personas; a propósito también
trascendió que un funcionario nazi de bajo rango -aunque buena persona- habría
acordado un falso dictamen con los amigos de Sindelar para propiciar una honrosa despedida al futbolista.
Los restos de Sindelar descansan hoy en el cementerio central de Viena (Zentralfriedhof), que con sus 2,5 km² de superficie y más de tres millones de tumbas
es el segundo más grande de Europa; en ese mismo predio se encuentran enterrados enormes genios de la música como Beethoven, Brahms, Shubert y los
Strauss. No está allí la sepultura de quien fue para muchos el mejor de todos – el
prodigioso Wolfang Amadeo Mozart-, pero igualmente no existen dudas de que
el “Mozart” del fútbol no pudo haber merecido una compañía más adecuada
para vivir su eternidad.
Así las cosas, es probable que los sentimientos predominantes entre alemanes
y austríacos no los impulsaran, en forma sincera, a desearse mutuamente lo mejor aquel 25 de junio de 1982. Sin embargo, no pocos especialistas sostenían que
por más ancestral que fuera el odio acumulado, el mismo sería dejado oportunamente de lado si su precio era capaz de poner en riesgo la continuidad de alguno
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