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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA
de los dos en el campeonato y, lo que era peor, con un extraño como único beneficiario.
Ese extraño en cuestión era Argelia, un bisoño y tenaz adversario que se había colado sin invitación en la definición del grupo. Se trataba de un equipo
sumido en un casi completo amateurismo, pero con grandes chances de pasar de
ronda en detrimento de alguno de los dos poderosos europeos. Y como el día
anterior los argelinos habían consolidado sus aspiraciones tras dar cuenta de
Chile por 3-2, Alemania y Austria rápidamente tuvieron muy claro qué era lo
que más les convenía hacer.
En virtud de que el reglamento de entonces otorgaba sólo dos unidades al ganador de cada partido, austríacos y alemanes se presentaron en El Molinón con 4
y 2 puntos respectivamente. Austria se había impuesto a chilenos (1-0) y argelinos (2-0), mientras que su rival también consiguió vencer a Chile (4-1) y fue
doblegado sorpresivamente por Argelia en cifras de 1-2. Por tanto los africanos,
también llegaron a cuatro puntos y al liderazgo del grupo, aunque con la obvia
salvedad de que ya habían cumplido con todos sus compromisos. Cabe señalar
que si una vez completada la última fecha había igualdad en puntaje, pasaba a
tener importancia la diferencia de goles; en ese aspecto Austria sumaba +3, Alemania +2 y Argelia tenía saldo cero.
¿Qué podía pasar entonces? Un empate o victoria de la selección de Austria
la clasificaba junto a Argelia. Si la que ganaba era Alemania por una diferencia
de uno o dos goles, entonces obtendría el grupo y pasaría de ronda acompañada
por Austria. Finalmente un triunfo alemán por cuatro goles o más le permitiría a
avanzar junto a los africanos, restando solamente considerar que de haber tres
goles de diferencia Austria también quedaría por el camino a no ser que consiguiera anotar al menos en tres ocasiones (3-6, 4-7, 5-8, etc.), siendo el 2-5 el
único resultado que obligaría a definir el segundo lugar por medio de un sorteo.
Todas estas hipótesis vinculadas al eventual triunfo alemán no hubieran tenido
sentido de haber mantenido Argelia el 3-0 con que había llegado al final del
primer tiempo en su partido con Chile, pues en ese caso sólo la hubiera radiado
que Alemania ganara por un solo gol de diferencia y a la vez con Austria convirtiendo al menos tres goles (4-3 o 5-4, por ejemplo); únicamente el 3-2 para
Alemania llevaría nuevamente a recurrir al azar. Pero la reacción chilena del
segundo tiempo terminó incrementando notablemente las chances de los dos
europeos; tanto que a la postre resultó decisiva.
Resumiendo, más allá de todas estas suposiciones acerca de lo que podría haber pasado, las escuadras contendientes eran sabedoras de que era suficiente con
que Alemania ganara 2-0 o 1-0 para continuar ambas en el certamen. Y este
último resultado fue el que finalmente se produjo, algo que no hubiera llamado la
atención de nadie de no haber sido por la escandalosa manera que se empleó para
conseguirlo.
El partido arrancó con Alemania tendido totalmente al ataque, por lo que no
fue inesperado que a los once minutos se pusiera en ventaja cuando entre el pecho y el hombro del ariete Horst Hrubesh impulsaron hacia la red un centro de
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