LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FUTBOL MPERCOVICH.pdf

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Dr. MÁXIMO PERCOVICH
Pierre Littbarski. De ahí en más, el tiempo dedicado a jugar seriamente fue muy
escaso. Puede decirse que un disparo defectuoso de Briegel en el minuto treinta
representó el cierre real de la disputa, además del comienzo del final del sueño
de los argelinos que –impotentes e indignados- observaban cómo los dos equipos
hacían tiempo y se desentendían del juego limpio mientras esperaban que el
silbato del árbitro le bajara el telón a su pésima parodia.
El primer tiempo terminó con silbidos apresurados pero proféticos. Se escucharon los primeros “fuera, fuera”. El segundo fue el caos. Lentitud e imprecisión.
Los alemanes con la pelota en su campo, los austríacos esperando en el suyo. En
la tribuna los pañuelos blancos, el mismo símbolo que condena la falta de combatividad en los toros. Los austríacos con la pelota, los alemanes a veinte metros
y en retroceso. En la tribuna los coros crecientes: “tongo, tongo “; “Ar-ge-lia,
Ar-ge-lia”. La pelota al arquero. Córner para Alemania y va uno solo a cabecear, córner para Austria y va uno solo a cabecear. En la tribuna claros que van
dejando los que se van, el coro irónico: “Que se besen, que se besen”…Salen
Rumenigge y Hrubesh, con silbidos. El árbitro Valentine cobra todo –lo poco
que hay- a favor de los defensores. Silbidos. En las tribunas incidentes, intentos
de invasión de los fanáticos argelinos, golpes con la policía, ambiente de “follón”, como dicen por acá. Y el final. Cambios de camisetas, sonrisas…
Alemania Federal y Austria pasan a la segunda ronda, Argelia queda afuera,
50.000 personas acaban de ser defraudadas y eso incluye a los hinchas alemanes que vi gritando “Ar-ge-lia” y rompiendo sus banderas101.
Ante los requerimientos periodísticos posteriores, los dos directores técnicos
se enojaron y respondieron varias veces en forma evasiva. George Schmidt, de
Austria, defendió la tesis de que se trató de un partido honesto y calificó de inentendible y vergonzosa la reacción del público. Agregó que como Alemania había
sido físicamente más fuerte, y pese a que la orden dada en un principio por él a
sus dirigidos había sido de jugar para ganar, con el 1-0 en contra optaron por
conservar el resultado. Por su parte el alemán Jupp Derwall se dijo molesto por
algunas preguntas recibidas, manifestando además que su equipo no pudo mantener el ritmo de los primeros veinte minutos –lo que le hubiera permitido lograr
más goles- a consecuencia de las lesiones de Rummenigge y Stielike, hechos que
según él lo llevaron a encarar buena parte del partido con nueve jugadores.
¿Qué se les ocurrió a los espectadores para manifestar su descontento? Además de lo descrito líneas arriba, algunos reunieron firmas y las llevaron a los
periódicos para reclamar vanamente la devolución del dinero de las entradas102.
¿Qué podían hacer los argelinos al apreciar la impunidad con que sus rivales se
ponían de acuerdo para echarlos del campeonato? Apenas enviar una nota de
101
El Gráfico – Argentina - Nº 3273 – 29 de junio de 1982 - Nota escrita por José Luis Barrio
titulada Crónica de una suerte anunciada.
102
El Mundo Deportivo – España – 26 de junio de 1982 –Página 15.
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