LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FUTBOL MPERCOVICH.pdf


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Dr. MÁXIMO PERCOVICH

En función de todo lo que se ha dicho y escrito durante las más de tres décadas que han transcurrido desde aquel suceso, queda para nosotros la potestad de
sacar nuestras propias conclusiones.

Rivales y hermanos.
Los duelos entre Uruguay y Argentina han abarcado todos los contextos, desde simples choques amistosos hasta definiciones de los títulos más codiciados a
nivel internacional. Los dos rivales estuvieron frente a frente por primera vez el
16 de mayo de 1901, aunque ese partido entre deportistas de carácter enteramente amateur no se considera oficial por haber sido organizado por un club: el
Albion. Se midieron en la cancha de dicha institución, en el barrio Paso Molino
de Montevideo, y terminó ganando Argentina en cifras de 3-2. Ese día los jugadores Bolívar Céspedes y Cecil Poole disfrutaron del inmenso honor de lograr
los dos primeros goles uruguayos de una larga historia de enfrentamientos que
con los años -ya más de cien- han pasado a considerarse verdaderos clásicos del
balompié sudamericano. Argentina ha sido tradicionalmente dueña de un juego
basado en una mayor tenencia de la pelota y de más virtuosismo en el trato de la
misma; a eso lo contrarrestan los uruguayos con defensas muy sólidas -provistas
de una gran capacidad de quite- y delanteros explosivos con una alta eficacia en
la definición. Pero además los celestes tienen a su favor una actitud mental que
les permite sacar fuerzas de flaquezas cuando las circunstancias más lo exigen,
que es lo que se conoce con el nombre de “garra” y de cuya existencia hay múltiples comprobaciones.
Ambas selecciones han contado siempre con muy buenos futbolistas, de los
cuales muchos han sido considerados superdotados; sin embargo puede decirse
que en general los estilos practicados en uno y otro país han sido sustancialmente
diferentes. Y si bien las estadísticas en cuanto a resultados son ampliamente
favorables a los argentinos, Uruguay se impuso en las únicas dos citas en que
estuvo en juego el título de mejor del mundo, memorables acontecimientos que
quedaron grabados a fuego en la mejor historia del fútbol mundial: primero el 21 -logrado con goles de Figueroa y Scarone- para obtener la medalla de oro en
los Juegos Olímpicos de Ámsterdam el 13 de junio de 1928, luego el 4-2 del 30
de julio de 1930 en Montevideo para quedarse con la primera Copa del Mundo.
Toda confrontación entre las selecciones rioplatenses históricamente ha generado en el público la expectativa de ver un encuentro de dientes apretados y
pierna fuerte, por más que en muchas ocasiones no hubiera de por medio mucho
más que algún insignificante trofeo. Estos partidos están designados por el destino para desarrollarse dentro de un entorno marcadamente particular, tal cual
corresponde a casi todos los grandes clásicos del deporte; o al menos así parecen
confirmarlo innumerables historias y leyendas que se han transmitido por generaciones .
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