01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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destino. Tú ya eres un cuervo. Nunca cambiarás eso. De ahora en adelante, los cuervos te
señalarán con su vuelo cada vuelta de tu destino. ¿Hacia dónde volaste con ellos?
-¡No podría saber eso, don Juan!
-Si piensas como se debe, recordarás. Siéntate en el suelo y dime en qué posición estabas
cuando las aves volaron a ti. Cierra los ojos y haz una raya en el suelo.
Seguí su indicación y determiné el punto.
-¡No abras todavía los ojos! -prosiguió: -¿Para dónde volaron todos en relación con ese punto?
Hice otra marca en el piso.
Tomando como referencia estos puntos de orientación, don Juan interpretó las diferentes
pautas de vuelo que los cuervos observarían para predecir mi futuro personal o destino. Puse los
cuatro puntos cardinales como eje del vuelo de los cuervos.
Le pregunté si los cuervos siempre seguían los puntos cardinal-es para anunciar el destino de
un hombre. Dijo que la orientación era sólo mía; lo que los cuervos hicieron en mi primera
reunión con ellos tenía importancia crucial. Insistió en que recordara cada detalle, porque el
mensaje y la pauta de los "emisarios" eran un asunto individual, personalizado.
Había una cosa más de la cual me instaba a acordarme: la hora en que me dejaron los
emisarios. Me pidió pensar en la diferencia de la luz a mi alrededor entre la hora en que
"empecé a volar" y la hora en que las aves plateadas "volaron conmigo". Cuando tuve
inicialmente la sensación de vuelo penoso, estaba oscuro. Pero cuando vi a las aves, todo se
hallaba rojizo: rojo claro, o tal vez naranja.
-Eso quiere decir que era casi el fin del día -dijo don Juan-; pero todavía no se había metido el
sol. Cuando está todo oscuro, un cuervo se ciega de blancura y no de oscuridad, como nosotros
de noche. Esta indicación de la hora quiere decir que tus emisarios finales vendrán al fin del día.
Te llamarán, y al volar sobre tu cabeza se volverán blancos plateados; los verás brillar contra el
cielo y eso que rrá decir que llegó tu hora final. Querrá decir que te vas a morir y a volverte
cuervo por última vez.
-¿Y si los veo de mañana?
-¡No los verás de mañana!
-Pero los cuervos vuelan todo el día.
-¡Tus emisarios no, tonto!
-¿Y sus emisarios, don Juan?
-Los míos vendrán de mañana. También serán tres. Mi benefactor me dijo que, si uno no
quiere morir, puede volverlos negros a gritos. Pero ahora sé que no vale la pena. Mi benefactor
era dado a gritar, y a todo el barullo y la violencia de la yerba del diablo. Yo sé que el humito es
diferente porque no tiene pasión. Es justo. Cuando tus emisarios plateados lleguen por ti, no hay
necesidad de gritarles. Vuela con ellos como ya lo hiciste. Después de haberte recogido darán
media vuelta, y los cuatro se irán volando.
Sábado, 1° de abril, 1965
Había estado experimentando breves destellos de disocia ción, o estados superficiales de
realidad no ordinaria.
Un elemento de la experiencia alucinógena con los hongos recurría sin cesar en mis
pensamientos: la masa de agujeritos blanda y oscura. Continué visualizándola como una
burbuja de grasa o de aceite que empezaba a tirar de mí hacia su centro. Era casi como si el
centro fuera a abrirse y a tragarme, y en momentos muy breves yo experimentaba algo
semejante a un estado de realidad no ordinaria. Como resultado, sufría instantes de profunda
agitación, angustia e incomodidad, y luchaba por poner fin a las experiencias apenas
comenzaban.
Hoy discutí esta condición con don Juan. Pedí consejo.
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