01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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El no pareció preocuparse, y me indicó olvidarme de esas experiencias, porque carecían de
significado o más bien de valor. Dijo que las únicas experiencias dignas de mi esfuerzo y
atención serían aquéllas en los que viera un cuervo; cualquier otra clase de "visión" no sería
sino el produc to de mis temores. Me recordó una vez más que para usar el humito era necesario
llevar una vida fuerte, calmada. En lo personal, yo parecía haber alcanzado un umbral peligros o.
Le dije que me sentía incapaz de proseguir; había en los hongos algo verdaderamente aterrador.
Al repasar las imágenes evocadas de mi experiencia alucinógena, yo había llegado a la
conclusión inevitable de que había visto el mundo en una forma estructur almente distinta de la
visión ordinaria. En otros estados de realidad no ordinaria que había atravesado, las formas y
los diseños que visualizaba se hallaban siempre dentro de los confines de mi concepción visual
del mundo. Pero la sensación de ver bajo la influencia de la mezcla alucinógena de fumar no era
la misma. Todo lo que veía estaba frente a mí en una línea directa de visión; nada había encima
ni abajo de esa línea de visión.
Cada imagen tenía una irritante planura, y sin embargo, desconcertantemente, una gran
profundidad. Acaso seria más exacto decir que las imágenes eran un conglomerado de detalles
increíblemente precisos colocados dentro de campos de luz diferente; la luz se movía en los
campos, creando un efecto de rotación.
Después de aguijarme y esforzarme por recordar, me hallé obligado a hacer una serie de
analogías o símiles para "entender" lo que había "visto". El rostro de don Juan, por ejemplo,
parecía como sumergido en el agua. El agua parecía moverse en un fluir continuo sobre la cara
y el cabello, Los amplificaba a tal grado que, cuando yo enfocaba mi visión, podía ver cada
poro de la piel o cada cabello de la cabeza. Por otra parte, vi masas de materia planas y llenas de
aristas, pero no se movían porque no había fluctuación en la luz proveniente de ellas.
Pregunté a don Juan qué eran las cosas que vi. Dijo que, siendo ésta la primera vez que yo
veía como cuervo, las imágenes no eran claras ni importantes, y que más tarde, con la práctica,
me sería posible reconocerlo todo.
Saqué a colac ión la diferencia que había notado en el movimiento de la luz.
-Las cosas que están vivas -dijo él- se mueven por dentro, y tan cuervo puede ver con facilidad
cuándo algo está muerto, o a punto de morir, porque el movimiento ya se paró o se va parando.
Un cuervo sabe también cuando algo se mueve demasiado aprisa, y por lo mismo sabe cuando
algo se mueve al paso justo.
-¿Qué significa cuando algo se mueve demasiado aprisa, o al paso justo?
-Significa que un cuervo sabe de hecho qué evitar y qué buscar. Cuando algo se mueve
demasiado aprisa por dentro, quiere decir que está a punto de estallar con violencia, o de pegar
el brinco, y un cuervo lo evita. Cuando se mueve por dentro al paso justo, es una vista
placentera y un cuervo la busca.
-¿Se mueven las rocas por dentro?
-No, ni las rocas ni los animales muertos ni los árboles muertos. Pero es hermoso mirarlos. Por
eso los cuervos andan por donde hay cadáveres. Les gusta mirarlos. Ninguna luz se mueve
dentro de ellos.
-Pero cuando la carne se pudre, ¿no cambia ni se mueve?
-Sí, pero ese movimiento es distinto. Lo que el cuervo ve entonces son millones de cosas
moviéndose dentro de la carne con luz propia, y eso es lo que le gusta ver. Verdaderamente es
una vista inolvidable.
-¿La ha visto usted, don Juan?
-Cualquiera que aprenda a volverse cuervo la puede ver. Tú mismo la verás.
En este punto hice a don. Juan la pregunta inevitable.
-¿Me convertí realmente en cuervo? 0 mejor dicho, ¿habría pensado cualquiera, al verme, que
era yo un cuervo común?
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