01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


Vista previa del archivo PDF 01-las-ensenanzas-de-don-juan-carlos-castaneda.pdf


Página 1...83 84 85868798

Vista previa de texto


Don Juan me abrió suavemente las manos y se llevó la pipa. Me ordenó acostarme en el piso,
pero sin dormirme. Pensé que tal vez me ayudaría a acostarme, pero no lo hizo. Sólo me miraba
sin interrupción. De pronto vi girar el cuarto y me hallé mirando a don Juan desde una postura
de costado. A partir de ese punto, las imágenes se hicieron extrañamente borrosas, como en un
sueño. Puedo acordarme vagamente de haber oído a don Juan hablarme mucho durante el
tiempo que estuve inmovilizado.
No experimenté miedo, ni desagrado, durante el estado en sí, ni me sentí mal al despertar el
día siguiente. Lo único fuera de lo común fue que no pude pensar con claridad por un largo rato
después de despertar. Luego, gradualmente, en un periodo de cuatro o cinco horas, volví a ser
yo mismo.
Miércoles, 20 de enero, 1965
Don Juan no habló de mi experiencia ,ni me pidió que se la relatara. Solamente comentó que
me había dormido demasiado pronto.
-La única forma de seguir despierto es convertirse en pájaro o grillo o algo por el estilo -dijo.
-¿Cómo se hace eso, don Juan?
-Es lo que te estoy enseñando. ¿Te acuerdas de lo que te dije ayer cuando estabas sin cuerpo?
-No puedo recordar claramente.
Yo soy un cuervo. Te estoy enseñando a convertirte en cuervo. Cuando aprendas eso, seguirás
despierto y te moverás con libertad; de otro modo siempre estarás pegado al suelo, dondequiera
que caigas.
Domingo, 7 de febrero, 1965
Mi segunda prueba con el humito tuvo lugar a eso del me diodía del domingo 31 de enero.
Desperté al día siguiente, al empezar la noche. Me sentía poseedor de un poder fuera de lo
común para recorda r lo que don Juan me había dicho durante la experiencia. Sus palabras
estaban impresas en mi mente. Yo seguía oyéndolas con claridad y persistencia extraordinarias.
Durante esta prueba hubo otro hecho que se me hizo obvio: mi cuerpo entero se había entumido
poco después de que empecé a- tragar el polvo fino que se, metía en mi boca cada vez que yo
chupaba la pipa. De modo que, no sólo inhalaba el humo, sino también ingería la mezcla.
Traté de narrar mi experiencia a don Juan; él dijo que yo no había hecho nada importante. Dije
que podía recordar cuanto había ocurrido, pero él no quería saber de eso. Cada recuerdo era
preciso e inconfundible. El proceso de fumar había sido el mismo que en el intento previo. Era
casi como si ambas experiencias perfectamente pudieran yuxtaponerse, y yo pudiese iniciar mi
recuento desde el momento en que la primera experiencia terminaba. Recordaba con claridad
que desde el instante de caer de costado sobre el piso estuve completamente privado de
sentimiento y pensamiento. Pero mi claridad no se menoscaba en modo alguno. Recuerdo haber
tenido mi último pensamiento más o me nos en el momento en que el cuarto se convirtió en un
plano vertical: "Debí de golpearme la cabeza en el suelo, pero no siento dolor."
Desde ese- momento sólo pude ver y -oír. Me era posible repetir cada palabra que don Juan
había dicho. Seguí una por una todas sus indicaciones. Parecían claras, lógicas y fáciles. Dijo
que mi cuerpo estaba desapareciendo y sólo mi cabeza quedaría, y en tal circunstancia la única
manera de seguir despierto y moverse era convertirse en cuervo. Me ordenó esforzarme por
parpadear, añadiendo que cuando pudiese hacerlo estaría listo para proceder. Luego me dijo que
mi cuerpo se había desvanecido por entero y que yo no tenía sino mi cabeza; dijo que la cabeza
nunca desaparece porque es lo que se transforma en cuervo.
Me ordenó parpadear. Sin duda repitió esta orden, y todas las otras, incontables veces, pues yo
podía acordarme de ellas con claridad extraordinaria. Debí de parpadear, pues don Juan dijo que
me hallaba listo y me ordenó enderezar la cabeza y ponerla sobre la barbilla. Dijo que en la
85