01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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para siempre a la yerba del diablo. Si la lagartija muere estando en tu hombro, ya empezada la
brujería, tendrías que seguir adelante, y eso es de veras la locura.
-¿Por qué es la locura?
-Porque en tales condiciones nada tiene sentido. Estás solo, sin guía, viendo cosas aterradoras,
sin sentido.
-¿Qué quiere usted decir con "cosas sin sentido"?
-Cosas que venos por nosotros mismos. Cosas que ve mos cuando no tenemos rumbo.
Significa también que la yerba del diablo está tratando de librarse de ti, empujándote al abismo.
-¿Conoce usted a alguien que haya experimentado eso?
-Sí. A mi me pasó eso. Sin la sabiduría de las lagartijas, me volví loco.
-¿Qué vio usted, don Juan?
-Un montón de pendejadas. ¿Qué otra cosa habría podido ver si no tenía rumbo?
Lunes, 28 de diciembre, 1964
-Me dijo usted, don Juan, que la yerba del diablo prueba a los hombres. ¿A qué se refería
usted?
-La yerba del diablo es como una mujer, y como mujer halaga a los hombres. Les pone
trampas a cada vuelta. Te puso una trampa forzándote a untarte la pasta en la frente. Y tratará de
nuevo, y tú probablemente caerás. Te lo advierto. No la tomes con pasión; la yerba del diablo es
sólo un camino a los secretos de un hombre de conocimiento, hay otros caminos. Pero su
trampa es hacerte creer que el único camino es el suyo. Yo digo que es inútil desperdiciar la
vida en un solo camino, sobre todo si ese camino no tiene corazón.
-Pero, ¿cómo sabe usted cuándo no tiene corazón un camino, don Juan?
-Antes de embarcarte en cualquier camino tienes que hacer la pregunta: ¿tiene corazón este
camino? Si la respuesta es no, tú mismo lo sabrás, y deberás entonces escoger otro camino.
-Pero ¿cómo sé de seguro si un camino tiene corazón o no?
-Cualquiera puede saber eso. El problema es que nadie hace la pregunta, y cuando uno por fin
se da cuenta de que ha tomado un camino sin corazón, el camino está ya a punto de matarlo. En
esas circunstancias muy pocos hombres pueden pararse a considerar, y más pocos aún pueden
dejar el camino.
-¿Cómo debo proceder para hacer la pregunta apropia da, don Juan?
-Pregunta nada más.
-Lo que quiero decir es si hay un método indicado para que yo no me mienta a mí mismo y
crea que la respuesta es sí cuando en realidad es no,
-¿Por qué habrías de mentir?
-Tal vez porque en el momento el camino es agradable y me gusta.
-Esas son tonterías. Un camino sin corazón nunca es disfrutable. Hay que trabajar duro tan
sólo para tomarlo. En cambio, un camino con corazón es fácil: no te hace trabajar por tomarle
gusto.
Don Juan cambió de pronto el rumbo de la conversación y me enfrentó directamente con la
idea de que me gustaba la yerba del diablo. Tuve que admitir que al menos sentía cierta
inclinación hacia ella. Me preguntó cómo me sentía con respecto a su aliado, el humito, y tuve
que decirle que la sola idea de tener que usarlo me asustaba hasta hacerme perder los sentidos.
-Te he dicho que para escoger un camino debes estar libre de miedo y de ambición. Pero el
humito te ciega de miedo, y la yerba del diablo te ciega de ambición.
Argüí que se necesitaba ambición para emprender cualquier camino, y que su aseveración de
que había que estar libre de ambición carecía de sentido. Una persona tiene que tener ambición
para poder aprender.
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