01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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oído dijo que debía volver a la ca ñada. Pregunté cómo, y la voz respondió que pensara en mi
planta.
Pensé en mi planta. Solía sentarme frente a ella. Lo ha bía hecho tantas veces que me fue
bastante fácil visualizarlo. Creí que verla, como la vi en ese momento, era otra alu cinación,
¡pero la voz dijo que yo había “vuelto”! Me esforcé por escuchar. Sólo había silencio: La datura
frente a mí parecía tan real como todo lo demás que yo había visto, pero podía tocarla, podía
moverme.
Me levanté y caminé hacia mi coche. El esfuerzo me agotó; me senté cerrando los ojos. Estaba
mareado y quería vomitar. Tenía un zumbido en las orejas.
Algo resbaló sobre mi pecho. Era la lagartija. Recordé la admonición de don Juan acerca de
liberarla. Regresé a la planta y desaté la lagartija. No quise ver si estaba muerta o viva. Rompí
la olla de barro que contenía la pasta y la cubrí de tierra con los pies. Subí en mi coche y me
quedé dormido.
Jueves, 24 de diciembre, 1964
Hoy narré toda la experiencia a don Juan. Corno de cos tumbre, escuchó sin interrumpirme. Al
final tuvimos el siguiente diálogo.
-No te fue bien porque hiciste algo muy malo.
-Lo sé. Fue un error estúpido, un accidente.
-Con la yerba del diablo no hay accidentes. Te dije que la yerba te probaría hasta lo último.
Una de dos: o eres muy fuerte, o de veras la yerba te quiere. El centro de la frente es sólo para
los grandes brujos que saben manejar su poder.
-¿Qué pasa cuando un hombre se pasa la pasta en la frente, don Juan.
-A menos que el hombre sea un brujo de primera nunca vuelve del viaje.
-¿Se ha frotado usted la pasta en la frente, don Juan?
-¡Jamás! Mi benefactor me dijo que muy pocas personas vuelven de un viaje así. Uno podría
quedarse ido meses enteros y tener que ser atendido por otros. Mi benefactor decía que las
lagartijas pueden llevar a un hombre al fin del mundo y enseñarle los secretos más maravillosos,
si así lo pide.
-¿Conoce usted a alguien que haya emprendido ese viaje?
-Sí, mi benefactor. Pero nunca me dijo cómo volvió.
-¿Es tan difícil volver, don Juan?
-Sí. Por eso lo que tú hiciste de veras me sorprende. No sabías el camino, y debemos seguir
ciertos pasos, porque es en los pasos donde el hombre halla fuerza. Sin ellos no somos nada.
Permanecimos horas en silencio. El parecía sumergido en una meditación muy profunda.
Sábado, 26 de diciembre, 1964
Don Juan me preguntó si había buscado a las lagartija. Le dije que sí, pero que no pude
hallarlas. Le pregunté qué habría pasado si una de las lagartijas hubiera muerto mientras yo la
sostenía. Dijo que la muerte de una lagartija era un suceso infortunado. Si la lagartija del hocico
cosido hubiera muerto en cualquier momento, no habría tenido objeto proseguir con la brujería.
La muerte de esa lagartija también significaría que las lagartijas en ge neral habían retirado su
amistad, y yo tendría que abandonar el aprendizaje de los secretos de la yerba del diablo durante
un buen tiempo.
-¿Cuánto tiempo, don Juan? -pregunté.
-Dos años o más.
-¿Qué habría pasado si muere la otra lagartija?
-Si muere la segunda lagartija, estás en verdadero peligro. Te quedas solo, sin guía. Si muere
antes de que empieces la brujería, puedes suspenderla, pero entonces también tienes que dejar
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