01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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-Agua de flores y frutas de la cañada.
Vació el contenido de la palangana en un viejo jarro de barro que parecía florero. Todavía
estaba. muy caliente, de modo que sopló para enfriarlo. Tomó un sorbo y me pasó el jarro,
-¡Bebe ya! -dijo.
Lo tomé automáticamente, y sin deliberación bebí toda el agua. Era un poco amarga, aunque
su amargor era ape nas perceptible. Lo que resaltaba mucho era el olor acre del agua. Olía a
cucarachas.
Casi inmediatamente empecé a sudar. Me dio mucho calor y la sangre se me agolpó en las
orejas. Vi una mancha roja delante de mis ojos, y los músculos de mi estómago empezaron a
contraerse en dolorosos retortijones. Tras un rato, aunque ya no sentía dolor, empecé a
enfriarme; el sudor literalmente me empapaba.
Don Juan me preguntó si veía negrura o manchas negras frente a mis ojos. Le dije que lo veía
todo rojo,
Mis dientes castañeteaban a causa de un nerviosismo incontrolable que me llegaba en oleadas,
como irradiando del centro de mi pecho.
Luego me preguntó si tenía miedo. No encontraba yo sentido a sus preguntas. Le dije que
obviamente tenía miedo, pero él me preguntó nuevamente si tenía miedo de ella. No comprendí
a qué se refería y dije que sí. El rió y dijo que yo no tenía miedo en realidad. Me preguntó si
seguía viendo rojo. Todo lo que yo veía era una enorme mancha roja frente a mis ojos.
Tras un rato me sentí mejor. Gradualmente desaparecieron los espasmos nerviosos, dejando
sólo un cansancio doliente, agradable, y un intenso deseo de dormir. No podía tener los ojos
abiertos, aunque aún oía la voz de don Juan. Me dormí. Pero la sensación de estar sumergido en
un rojo profundo persistió toda la noche. Incluso soñé en rojo.
Desperté el sábado, alrededor de las 3 p.m. Había dormido casi dos días. Tenía una leve
jaqueca y el estómago revuelto, y dolores intermitentes, muy agudos, en los intestinos. A
excepción de eso, todo era como un despertar ordinario. Encontré a don Juan dormitando frente
a su casa. Me sonrió.
-Todo salió muy bien la otra noche -dijo-. Viste rojo y eso es todo lo que importa.
-¿Qué habría pasado si no hubiera visto rojo?
-Habrías visto negro, y eso es mala señal.
-¿Por qué es mala?
-Cuando un hombre ve negro, quiere decir que no está hecho para la yerba del diablo, y
vomita las entrañas, todas verdes y negras.
-¿Y se muere?
-No creo que nadie muera de esto, pero sí se puede enfermar por mucho tiempo.
-¿Qué les pasa a quienes ven rojo?
-No vomitan, y la raíz les produce un efecto de placer, lo cual significa que son fuertes y de
naturaleza violenta: eso le gusta a la yerba. Así es como incita. Lo único malo es que los
hombres terminan siendo esclavos suyos a cambio del poder que les da. Pero sobre esas cosas
no tenemos control. El hombre vive sólo para aprender. Y si aprende es porque ésa es la
naturaleza de su suerte, para bien o para mal.
-¿Qué debo hacer luego, don Juan?
-Luego debes plantar un brote que he cortado de la otra mitad de la primera parte de raíz. Tú la
otra noche tomaste la mitad, y ahora hay que meter en la tierra la otra mitad. Tiene que crecer y
dar semilla antes de que puedas emprender la verdadera tarea de domar a la planta.
-¿Cómo la domaré?
-La yerba del diablo se doma por la raíz. Paso a paso, debes aprender los secretos de cada
parte de la raíz. Debes tomarlas para aprender los secretos y conquistar el poder.
-¿Se preparan las distintas partes en la misma forma en que usted preparó la primera?
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