01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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-Ya te dije: sólo de paloverde y de ningún otro.
-¿Por qué, don Juan?
-Porque la yerba del diablo tiene muy pocos amigos, y el paloverde es el único árbol de por
aquí que se lleva bien con ella: lo único que prende. Si dañas la raíz con una pala, no crecerá
cuando la vuelvas a plantar, pero si la lastimas con un palo de ésos, lo más probable es que ni lo
sienta.
-¿Qué va usted a hacer ahora con la raíz?
-Voy a cortarla. Debes dejarme. Vete a buscar otra planta y espera que te llame.
-¿No quiere que lo ayude?
-¡Sólo puedes ayudarme si te lo pido!
Alejándome, empecé a buscar otra planta, combatiendo el fuerte deseo de rondar a hurtadillas
y observar a don Juan. Tras un rato se me unió.
-Ahora vamos a buscar la hembra -dijo.
-¿Cómo los distingue usted?
-La hembra es más alta y crece por encima del suelo, así que realmente parece un arbolito. El
macho es grande y se extiende cerca del suelo y más parece un matorral espeso. Cuando
saquemos a la hembra verás que la raíz se hunde por un buen trecho antes de hacerse horcón. El
macho, en cambio, tiene el horcón de la raíz pegada al tallo.
Buscamos juntos por el campo de daturas. Luego, señalando una planta, dijo: "Esa es
hembra." Y procedió a cavar en torno de ella como había hecho antes. Apenas descubrió la raíz
pude ver que ésta se ajustaba a su predicción. Lo dejé nuevamente cuando se disponía a
cortarla.
Al llegar a su casa, abrió el bulto donde había puesto las daturas. Sacó primero la más grande,
el macho, y la lavó en una amplia bandeja de metal. Limpió cuidadosamente toda la tierra de la
raíz, el tallo y las hojas. Después de esa limpieza minuciosa, separó el tallo de la raíz haciendo
una incisión superficial en torno a su juntura con un cuchillo corto y serrado, y quebrando la
planta por allí. Tomó el tallo y separó cada una de sus partes haciendo montones individuales
con las hojas, las flores y las espinosas vainas de semilla. Tiró cuanto estaba seco o comido de
gusanos, y conservó sólo las partes intactas. Unió ambos ramales de la raíz atándolos con dos
trozos de cordel, los quebró por la mitad tras hacer un corte superficial en la juntura, y obtuvo
dos pedazos de raíz de igual tamaño,
Luego tomó un trozo de arpillera áspera y colocó en él los dos pedazos de raíz atados; encima
puso las hojas en un montón ordenado, luego las flores, las vainas y el tallo. Dobló la arpillera e
hizo un nudo con las puntas.
Repitió exactamente los mismos pasos con la otra planta, la hembra, sólo que al llegar a la
raíz, en vez de cortarla, dejó intacta la horqueta, como una letra Y invertida. Luego puso todos
los pedazos en otro bulto de tela. Cuando ter minó, ya había oscurecido.
Miércoles, 6 de septiembre, 1961
Hoy, al atardecer, volvimos al tema de la yerba del diablo.
-Creo que deberíamos empezar otra vez con esa planta -dijo de pronto don Juan.
Tras un silencio cortés pregunté:
-¿Qué va usted a hacer con las plantas?
-Las plantas que saqué y corté son mías -dijo-. Es como si fueran yo mismo; con ellas voy a
enseñarte la ma nera de domar a la yerba del diablo.
-¿Cómo lo hará usted?
-La yerba del diablo se divide en partes. Cada parte es distinta; cada una tiene su propósito y
su servicio únicos.

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