Novena del perdoÌn.pdf

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5° Día
Para vencer el resentimiento
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Reflexión: Palabras de San Josemaría Escrivá
¡Qué alma más estrecha la de los que guardan celosamente su «lista de agravios»!... Con esos
desgraciados es imposible convivir (Surco,
n. 738).
Perdonar. ¡Perdonar con toda el alma y sin resquicio de rencor! Actitud siempre grande y
fecunda. –Ese fue el gesto de Cristo al ser enclavado en la cruz: «Padre, perdónales, porque no
saben lo que hacen», y de ahí vino tu salvación y la mía (Surco, n. 805).
Dios no se escandaliza de los hombres. Dios no se cansa de nuestras infidelidades (Es Cristo
que pasa, n. 64).
Nunca he maltratado a nadie que me haya vuelto la espalda, ni siquiera cuando a mis deseos
de ayudar me han pagado con un descaro (Amigos de Dios, n. 59).
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Intención
Dios mío, yo sé que el resentimiento es una herida que el amor propio, orgulloso, abre y
remueve en el corazón, que es una gangrena que el odio cultiva dentro del alma. Yo lo temo,
Dios mío, porque ya lo descubrí dentro de mí, aferrado como un cáncer.
Alguien decía que el resentimiento es el horno del diablo. Tenía razón. Yo también siento que el
rencor es un fuego maldito que quema el amor, la comprensión y la paz que deberían marcar
siempre la relación entre los hijos de Dios.
¡Líbrame de él, Jesús! Ayúdame a expulsar ese mal por medio de la confesión frecuente.
Concédeme, por intercesión de San Josemaría, fuerzas del Cielo para perdonar, para olvidar.
Que yo no guarde ningún rencor.
Al contrario, que guarde mis amarguras dentro de tu corazón y allí aprenda a decir: “¡Padre,
perdónalos!” (Lc 23, 34).
