Novena del perdoÌn.pdf

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4° Día
Para vencer la ira
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Reflexión:
Eso mismo que has dicho dilo en otro tono, sin ira, y ganará fuerza tu raciocinio, y, sobre todo,
no ofenderás a Dios (Camino, n. 9).
No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. –Espera al día siguiente, o
más tiempo aún. –Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. –Vas a
conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. –Modera tu genio
(Camino, n. 10).
Calla siempre cuando sientas dentro de ti el bullir de la indignación. –Y esto, aunque estés
justísimamente airado. –Porque, a pesar de tu discreción, en esos instantes siempre dices
más de lo que quisieras (Camino, n. 656).
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Intención
Pienso, Jesús, en Ti y en tus palabras: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”
(Mt 11, 29). Y después pienso en mí: en mis irritaciones, en mis reacciones violentas, en mi
brusquedad, en la ira que hierve por dentro, asumiendo que es lógico tratar duramente a los
demás porque “yo tengo razón”. Y, así ¡me creo cristiano!
También cristiano era San Pablo, que pedía: “Que desaparezca de vosotros toda amargura, ira,
indignación, griterío o blasfemia” (Ef 4, 31). Cristiano era San Josemaría, que respondía a las
calumnias con una actitud constante de “callar, trabajar, perdonar, sonreír”.
Sólo salía en defensa de la justicia cuando la injuria ofendía cosas de Dios o a terceras
personas inocentes. Corazón manso y humilde de Jesús, por intercesión de San Josemaría,
haz mi corazón semejante al tuyo.
