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nuestro organismo para que sea capaz de enfrentarse o huir de la situación.
Fernández- Abascal define el estrés como:
Un proceso psicológico que se origina ante una exigencia al organismo,
frente a la cual éste no tiene información para darle una respuesta adecuada,
activando un mecanismo de emergencia consistente en una activación
psicofisiológica que permite recoger más y mejor información, procesarla e
interpretarla más rápida y eficientemente, y así permitir al organismo dar una
respuesta adecuada a la demanda.
Este proceso supone una gran movilización de reservas de energía, por lo
que el afrontamiento siempre representará un coste, tanto a nivel psicológico
como físico. Por lo tanto, si el proceso del estrés tiene lugar frecuentemente y se
mantiene a lo largo del tiempo (estrés crónico), el precio a pagar será mucho más
alto, ya que se comenzará a manifestar a través de diferentes dolencias y
enfermedades las cuales nos impedirán llevar a cabo nuestras actividades
cotidianas con total normalidad y afectarán a nuestra actividad laboral.
Los desencadenantes del estrés, estresores, pueden ser de diferente
naturaleza, tanto externos como internos, directos o indirectos. La literatura
científica recoge ocho grandes categorías de estresores (Fernández-Abascal):
situaciones que obligan a procesar información rápidamente, estímulos
ambientales dañinos, percepciones de amenaza, alteraciones de funciones
fisiológicas (enfermedad, drogas, etc.), aislamiento y confinamiento, bloqueo a
nuestros intereses, presión grupal y frustración. Lo que tienen en común todos los
estresores es que, representan la ausencia de algo que el organismo percibe
como necesario para su supervivencia y bienestar, o la amenaza de perderlo.
Lazarus y Folkman plantean que el estrés psicosocial es el resultado de la
relación particular entre el individuo y el entorno, el cual es evaluado como
amenazante o desbordante de sus recursos, y que por lo tanto pone en peligro su
bienestar e integridad. De esta forma se podrían considerar los estresores como
acontecimientos con los que tropiezan las personas, y que pueden provocar
cambios en las rutinas cotidianas y en sus condiciones de vida. De todo ello se
desprende que la valoración personal de cada individuo y las estrategias de
afrontamiento que despliegue serán determinantes a la hora de determinar las
consecuencias del estrés.
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